Los Tocables
Por Héctor Guerrero
Hay fortunas que crecen con los años, a fuerza de trabajo, ahorro y buenos negocios. La de Jorge Amílcar Olán Aparicio creció a una velocidad distinta. El tabasqueño que comenzó vendiendo azulejos, muebles de baño y relojes usados que compraba en Suiza terminó relacionado con contratos públicos de cientos de millones de pesos y con el círculo de los hijos de Andrés Manuel López Obrador.
La historia empresarial de Olán tiene un punto de partida documentado. En mayo de 2018, una empresa vinculada con él obtuvo un contrato federal por poco más de 27 mil pesos para suministrar piezas destinadas a fluxómetros. Era un negocio pequeño. Después llegarían contratos de otra dimensión y empresas dedicadas a actividades muy distintas de aquellas con las que había comenzado.
Romedic, una de sus compañías, obtuvo contratos para suministrar medicamentos y materiales médicos. Investigaciones periodísticas documentaron operaciones por cientos de millones de pesos durante el sexenio pasado. Poyago, una empresa que originalmente se dedicaba a la venta de productos ferreteros, también modificó su actividad y terminó participando en contratos con el IMSS.
El cambio más visible llegó con los negocios relacionados con el balasto utilizado en las obras ferroviarias del gobierno de López Obrador. En audios difundidos por Latinus, Olán habla de sus operaciones y de sus relaciones con personas cercanas a los proyectos del Tren Maya y del Tren Interoceánico. También presume ganancias importantes. Los audios son material periodístico; su contenido requiere ser contrastado por las autoridades.
La relación con Andy López Beltrán y Gonzalo López Beltrán tampoco comenzó con los contratos. Olán era amigo de ambos desde antes de que su padre llegara a la Presidencia. El propio López Obrador reconoció públicamente esa amistad. Fotografías y testimonios publicados durante los últimos años muestran la cercanía que existía entre ellos y que convirtió al empresario tabasqueño en una figura conocida dentro de ese círculo.
Después apareció el negocio de los combustibles. Portacelis Gas and Oil quedó relacionada con personas que habían trabajado previamente con Olán y fue señalada en investigaciones periodísticas por operaciones vinculadas con el llamado huachicol fiscal. El monto de las operaciones y las relaciones empresariales despertaron nuevas preguntas. Hasta ahora, esas acusaciones pertenecen al terreno de las investigaciones y deben ser acreditadas por las autoridades correspondientes.
Mientras el nombre de Olán aparecía cada vez con mayor frecuencia en reportajes, su vida tomó otro rumbo. Terminó en Suiza, el mismo país que conocía desde los años en que viajaba para comprar relojes usados. Esta vez ya no llegó como comerciante. Se instaló en Lugano, en una residencia cuyo alquiler fue estimado por medios mexicanos en unos 15 mil francos suizos mensuales.
Hasta allí llegó el periodista Irving Pineda después de recibir una llamada anónima con información sobre el paradero del empresario. La pista permitió ubicarlo en Lugano y seguir sus movimientos. Cuando el reportero intentó entrevistarlo, Olán se negó a responder. Poco después abandonó la propiedad. Desde entonces, su ubicación volvió a convertirse en una incógnita.
Ese detalle merece atención. Alguien sabía dónde estaba. Alguien decidió comunicarlo a un medio de comunicación. No sabemos quién hizo la llamada ni cuál fue su propósito. Pudo tratarse de una fuente periodística, de una persona cercana a Olán, de alguien relacionado con sus antiguos negocios o de alguien que simplemente decidió revelar la información.
En política, las filtraciones suelen tener una historia detrás. No siempre conocemos al autor ni sus razones. Por eso resulta más prudente preguntar que afirmar. ¿Quién dio el pitazo? ¿Por qué en este momento? ¿Quién tenía interés en que el empresario volviera a ocupar las primeras páginas después de meses de discreción?
La otra incógnita es todavía más delicada. ¿De quién se esconde Amílcar Olán? No existe información pública que permita afirmar que huye de una organización criminal. Tampoco existe evidencia suficiente para decir que su hermano Luis Alberto se encuentre actualmente en manos del CJNG. Esas versiones circulan a partir de investigaciones y audios, pero no han sido confirmadas por una autoridad.
Sobre Luis Alberto existen, sin embargo, referencias que han aumentado la preocupación alrededor del caso. En grabaciones atribuidas a Amílcar aparecen conversaciones relacionadas con personas señaladas como integrantes del crimen organizado en Veracruz. Uno de los nombres mencionados es Iván Cazarín Molina, identificado por autoridades estadounidenses como operador del CJNG. La existencia de esas referencias no permite establecer por sí misma una responsabilidad penal.
El entorno de Andy López Beltrán añade otra capa al asunto. En los últimos meses se ha documentado una creciente presión sobre el hijo del expresidente. Estados Unidos canceló su visa y The New York Times reportó que agencias estadounidenses examinan posibles vínculos con redes de contrabando de combustible y crimen organizado. Tanto el Gobierno mexicano como la Fiscalía han rechazado que existan acusaciones formales en su contra.
Olán pertenece a un momento anterior de esa historia. Conoció a Andy y a Gonzalo cuando todavía eran hijos del jefe de Gobierno de la Ciudad de México y no los personajes políticos que llegarían a ser después. Compartió negocios, conversaciones y espacios con ellos. Por eso su nombre adquiere una dimensión distinta cuando aparecen investigaciones sobre las actividades empresariales del entorno de los López Beltrán.
También se ha difundido la versión de que alrededor de tres mil millones de pesos habrían sido transferidos a Suiza. La cifra ha sido publicada por periodistas y retomada en investigaciones posteriores. No existe, sin embargo, una resolución judicial que permita presentar ese monto como patrimonio ilícito de Olán. La cifra debe entenderse como un dato atribuido a investigaciones periodísticas, pendiente de comprobación oficial.
La Fiscalía General de la República ha sostenido que no existe una orden de aprehensión contra Olán y que no hay una investigación formal en su contra. Claudia Sheinbaum ha señalado que cualquier indagatoria debe sustentarse en pruebas. La diferencia entre lo que aparece en los medios y lo que oficialmente se encuentra en una carpeta de investigación es importante y conviene mantenerla.
También se ha mencionado a Omar García Harfuch en las versiones sobre las disputas internas alrededor del círculo de Andy López Beltrán. Se ha escrito sobre una relación distante entre ambos y sobre diferencias relacionadas con investigaciones de seguridad. Pero hasta ahora no existe evidencia pública que permita afirmar que Harfuch ordenó localizar a Olán o que haya sido responsable de la filtración que permitió encontrarlo en Suiza.
Ahí está precisamente el interés de esta historia. Olán pasó de un pequeño comercio de azulejos y muebles de baño a negocios de medicamentos, infraestructura y combustibles. Conoció Suiza comprando relojes usados y terminó viviendo allí. Se relacionó con los hijos del presidente y después apareció en investigaciones que pusieron bajo la lupa a ese mismo círculo.
Ahora procura mantenerse lejos de México y de los reflectores. No sabemos si teme una investigación, a antiguos socios, a quienes aparecen en sus propias conversaciones o a alguien que todavía no conocemos. Tampoco sabemos quién le avisó que la prensa estaba tras sus pasos. Son preguntas abiertas, no conclusiones.
Lo que sí puede reconstruirse es la dimensión del salto. Un comerciante que operaba en un mercado relativamente pequeño terminó vinculado con contratos públicos por cientos de millones de pesos. Su nombre apareció después en investigaciones sobre balasto, medicamentos y combustibles. En paralelo, su amistad con los hijos del presidente lo colocó dentro de una red política y empresarial que hoy enfrenta un escrutinio mucho mayor.
Quizá por eso la pregunta más interesante ya no sea cuánto dinero hizo Amílcar Olán. Tampoco dónde está ahora. Las dos respuestas, tarde o temprano, deberían aparecer en documentos, contratos, movimientos financieros y expedientes. La pregunta que permanece es otra y resulta mucho más difícil de responder.
¿De quién se esconde Amílcar Olán?
Porque para saberlo quizá primero habría que saber qué teme que alguien encuentre.
Tiempo al tiempo.
@hecguerrero

