Estados Unidos de América y China, las dos grandes potencias económicas y militares que además comandan el juego geopolítico y de reacomodo mundial de todos los intereses a nivel global en la actualidad, mantienen a través de sus Presidentes Donald Trump y Xi-Jinping una relación que podríamos catalogar como de «amor apache» haciendo uso de esa expresión coloquial mexicana que describe una relación afectiva tumultuosa, conflictiva o basada en un cariño brusco, donde se mezclan el afecto intenso y el maltrato, los pleitos constantes o, incluso, la violencia. En lo “ires y venires”, con tantos vaivenes, cambios y altibajos que hemos experimentado y padecido todos a lo largo de estos últimos años, lo que de lo que hemos visto no deja de ser una relación tóxica donde las discusiones frecuentes y las dinámicas de “pelearse, terminar y volver” se pueden resumir en una vinculación clásica en la que “te pego pero te amo”. Sin embargo, en el encuentro más reciente que tuvieron en Washington los dos gigantes la semana pasada, después de 10 años, por fortuna todo parece haber tomado otro rumbo y, la relación transita como «miel sobre hojuelas»; es decir, que se ve muy favorable y resulta ser una muy buena noticia para el mundo y para México dado que podemos empezar a vislumbrar escenarios más estables para darle contenido a nuestras relaciones comerciales y, por tanto, a nuestros empleos e inversiones.
Ambos Presidentes expresaron frases esperanzadoras. En voz de Xi-Jinping algunas como: “Deberíamos coexistir en paz”; o la de “No tenemos que evitar mencionar la competencia, pero nuestra competencia debería ser sana y deberíamos mantenerla bajo unos límites. Debería ser una carrera para alcanzar al otro, no una lucha en la que uno gana y el otro pierde. China y Estados Unidos deben mantener la postura de no incurrir en conflictos ni en confrontaciones mutuas, sin duda podemos encontrar una vía adecuada para que dos grandes naciones convivan en armonía en este planeta que ambos llamamos hogar”. Por su parte, Donald Trump y su cónyuge Melania acudieron a recibir Xi-Jinping y a su esposa a la base aérea de Andrews, en las afueras de Washington y, como reflejan varias notas sobre el hecho, se trata de un gesto poco habitual en el estadounidense, que ha querido agasajar a su invitado con un acto con los máximos honores, con sobrevuelo de aviones militares y una alfombra roja de 3 metros y ya en los eventos Trump expresó que hay “una gran amistad de verdad que se ha construido sobre la base del respeto mutuo y los intereses vitales de ambos pueblos” y destacó que “hemos pasado tiempo juntos en todo el mundo, de Alemania a Argentina, de Japón a Corea del Sur, de Pekín a Palm Beach, pero esta es nuestra primera vez juntos en la Casa Blanca” y que “durante esta visita, hablaremos de cuestiones apremiantes sobre seguridad, tecnología y súper inteligencia. Las decisiones que tomemos en estas áreas hoy pueden promover la paz y la prosperidad en las próximas décadas”.
Esa es la relevancia mundial de este importantísimo encuentro es crucial para la configuración del nuevo sistema económico mundial. Hay que recordar que venimos de un pasado muy reciente en que las agresiones entre ambas naciones provocaron una escalada de restricciones arancelarias, tecnológicas y portuarias iniciada formalmente en 2018 y recrudecida con aranceles masivos, con el control de minerales críticos y la pugna por el dominio tecnológico global. No olvidemos que venimos de la implementación de tasas elevadas aplicadas por Washington a productos chinos y contramedidas de Pekín como las restricciones a la exportación de tierras raras frente a gravámenes de EE. UU.; o las acciones mutuas en semiconductores avanzados y equipos de alta tecnología.; o las nuevas tensiones sobre aranceles portuarios y rutas comerciales globales. La tensión política entre ambas potencias ha producido además de una gran incertidumbre generando e desvío de exportaciones chinas hacia Latinoamérica, Europa y el sudeste asiático, así como una volatilidad cambiaria y presiones sobre la economía global.
El mundo no debe perder de vista que los Presidentes han reconocido en este encuentro tener “una responsabilidad histórica de avanzar en el desarrollo humano y el progreso”, y que dicen querer construir “una relación constructiva” entre ambas naciones basadas en “la estabilidad estratégica”. Por nuestra parte, mientras la Presidenta Claudia Sheinbaum se prepara para viajar a China en noviembre para asistir a la APEC recibirá la estafeta como país sede de la cumbre en 2028, nuestro negociador del Tratado México, Estados Unidos y Canadá viaja esta semana a seguir avanzando en los acuerdos con los representantes del gobierno norteamericano para concretar una negociación que consolide a México en el bloque de América del Norte y, desde ahí, como un jugador de primera línea en el concierto de las naciones.

