José
Luis Camacho Acevedo
De verdad que las
malas artes de la política dibujan a México como un país surrealista. paradójico,
kafkiano, extravagante.
De
pronto, a toro pasado, el inmoral mediático de Jesús Ramírez Cuevas, anuncia
que demandará por daño moral a Julio Scherer Ibarra por los que publicó sobre
él en el libro Ni Venganza ni Perdón que coeditó con Jorge Fernández
Menéndez.
Solo en nuestro bajo
mundo político pueden darse casos como el que mencionamos en el párrafo
anterior.
Padecemos la
pasividad de una clase política que es indolente a las acciones de un personaje
que, cuando estuvo a cargo de la comunicación social de Andrés Manuel López
Obrador, tuvo un comportamiento, no solo embustero, sino que llegó a
extremos de inventar reporteros que funcionaban como sicarios en la “estrategia
mediática” de Ramírez Cuevas.
Una estrategia
que acusaba falsamente a comunicadores poseedores de una trayectoria
independiente y respetable, de ser chantajistas, mentirosos, e incluso los
consideró traidores a la patria porque no estaban alineados a sus perversos
designios de sometimiento al poder, y por el solo hecho de criticar varias de
las punibles decisiones que tomó en su momento el ahora habitante de Palenque.
El contexto
nacional es bastante complejo como para anteponer un pleito de vecindad
(Ramírez Cuevas contra Scherer) a problemas de una trascendencia mayor como
es, entre otros de verdadera importancia que nos condicionan y afectan, el
administrar con el cuidado que merece la tensa relación que el país tiene con
Estados Unidos.
Están a debate
reformas en materia electoral; se acaba de designar un nuevo director de la
Auditoría Superior de la Federación; las preocupaciones del FinCen (el
organismo supervisor del lavado de dinero en todo el mundo) sobre las fisuras
en el esquema nacional de vigilancia a ese fenómeno.
Los brotes de
violencia que se siguen presentando en identificados lugares del territorio
nacional, los cuales se convierten en el pretexto para que Donald Trump
considere a México como el epicentro de la generación de inseguridad provocada
por los carteles, son otro punto crítico de nuestra problemática.
Si efectivamente
después del abatimiento del capo Nemesio Oseguera, considerado de los más
poderosos del mundo, salieron a la luz sus tentáculos en 40 países para lavar
los recursos que producen las acciones crimen organizado, distraer la atención
de los más altos niveles del gobierno en el pleito de comadres protagonizado
por Ramírez Cuevas y Scherer, es un verdadero despropósito.
Tanto Marcelo
Ebrard como Omar García Harfuch están cumpliendo tareas de gran importancia
para lograr una recuperación integral de los males que perturban a la nación.
El constante
combate al crimen organizado operado por García Harfuch, así como los trabajos
de Marcelo Ebrard para negociar sin ceder a las abusivas pretensiones del
vecino del norte, son las causas que merecen ser parte de la discusión
nacional.
El impulso a
programas como lo Hecho en México que van por la recuperación del futuro de las
pequeñas y medianas empresas, son los objetivos fijados por la presidenta
Sheinbaum que deben ser analizados e impulsados por los grandes tomadores de
decisiones que tiene el país.
Es una
impronta lamentable que un libro de coyuntura como el editado por Scherer y
Fernández Menéndez, edición que tendrá una vigencia por demás perentoria, ocupe
un lugar destacado en la discusión de los grandes problemas nacionales.
Porque hasta la
fecha, no se han producido grandes marchas u otro tipo de protestas para salvar
el “honor” de Jesús Ramírez Cuevas.
Como
dijera el clásico algo que aplica tanto a Ramírez como a Scherer: Te conozco
tanto a ti……
Por esos
rumbos se está perdiendo el debate por México.

