Por Armando Guzmán
Nuestros amigos de Puente News Collaborative se volvieron a ganar las palmas al revelar que el gobierno de Donald Trump ha intensificado sus investigaciones sobre el gobierno de México y, a medida que esos esfuerzos avanzan, algunos funcionarios electos del partido en el poder se han ofrecido de manera discreta a las autoridades estadounidenses como informantes contra otros integrantes del partido.
La nueva realidad abarca no solo las investigaciones secretas con funcionarios mexicanos sobre las formas y métodos en que el crimen organizado paga por la protección oficial en México. Últimamente, a Estados Unidos también le está dando mucha comezón que el territorio de la República Mexicana esté cada vez más controlado por los cárteles y no por el Gobierno del país.
Buscando ampliar más esta investigación, le llamé a un contacto militar en Washington para preguntarle: «¿Qué sabe de las acciones y estrategias en cuanto a México?». Mi contacto me respondió: «Existe un viejo dicho en el ámbito militar: "los aficionados hablan de estrategia; los profesionales, de logística"».
Cuando le pedí que me aclarara lo que estaba diciendo, me respondió: «Esto significa que, si realmente queremos frenar la multitud de amenazas transnacionales que enfrenta nuestra nación (se refería a EE. UU.), debemos desmantelar las redes logísticas de los terroristas, los narcotraficantes y el crimen organizado, además de los flujos financieros ilícitos. Y eso incluye al creciente crimen organizado de los cárteles mexicanos».
El otro campo de acción: el blanqueo de dinero
En Washington se sigue diciendo, y esto lleva ya meses, que la guerra que sigue es en contra del tráfico del dinero de las drogas, porque ese es el torrente sanguíneo de estas redes y eso es lo que representa las amenazas reales contra la seguridad estadounidense. Además, se dice que es lo que sustenta una creciente convergencia de peligros para Estados Unidos y para los otros aliados de Washington en el continente.
Usted seguramente ya se dio cuenta de que, en América Latina, la gente que Marco Rubio trajo con él al Departamento de Estado y al Consejo de Seguridad Nacional está marcando la pauta para concentrarse en que el presidente Donald Trump altere las redes de amenazas que deslegitiman a Estados Unidos y desestabilizan a su creciente número de socios regionales.
Venezuela ya no es parte de la cofradía comunistoide del continente. Cuba está en capilla esperando que la espada le caiga encima; Bolivia dejó de estar a la izquierda de la izquierda, y la única que queda es Nicaragua, que hoy tiene el mismo poder que una pulga. Esto es: nos puede causar una roncha, pero puede ser reducida a nada con solo la presión del pulgar.
Estados criminalizados
Douglas Farah, uno de los estrategas de política exterior a quienes muchos en el gobierno de Trump admiran, acuñó el término «Estados criminalizados» para describir cómo la alta dirección de ciertos Estados-nación utiliza al crimen organizado transnacional como un instrumento de política estatal contra sus adversarios.
Farah distingue entre Estados criminalizados semi-consolidados y aquellos integrados verticalmente; en estos últimos, un gobierno fuerte participa directamente en actividades de crimen organizado transnacional, se beneficia de ellas e inserta a delincuentes dentro de los órganos del Estado.
Ejemplo: la Venezuela de Chávez (México aún no).
La realidad es que, en América Latina, es objeto de debate si algún país se ha convertido plenamente en un Estado criminalizado integrado verticalmente. La respuesta elude a México también, pero es innegable que hay líderes de ciertos Estados-nación que han participado en actividades de crimen organizado transnacional. Y eso sí, vergonzosamente, incluye a nuestro país.
Imagínese insertar el nombre de México en la oración que acaba de leer; el daño que le hace a nuestro país es enorme. Desafortunadamente, estamos en un momento en que México, para su vecino y socio comercial más importante, se está convirtiendo en un peligro de seguridad nacional.
México ya no es el objeto de designios de política pública ni del Departamento de Comercio ni de la Oficina del Representante Comercial... ahora está en la mira del Departamento de Justicia y del Departamento de Defensa.
Solo considere usted que, en este contexto, el Comando Sur de los Estados Unidos (responsable de América Latina y el Caribe) está experimentando una transformación radical para eliminar los compartimentos estancos, los cuales son muy distintos a los de sus diversas misiones del pasado. Esto es muy delicado, porque uno esperaría que el nombre de México fuera excluido de estas actividades. Pero si caen varios países en los que los cárteles mexicanos tienen socios, el nombre de México se incluirá sin mucho esfuerzo.
Hoy estas actividades se centran más en el movimiento de las redes ilícitas y las mercancías que estas transportan. Los militares estadounidenses le llaman «iluminar las rutas» de las redes transnacionales y trans-regionales.
Para ello, el USSOUTHCOM ha impulsado decididamente el fortalecimiento de las asociaciones regionales, el intercambio de información y la cooperación multinacional y de militar a militar. Hay muchos militares sucios, pero hay muchos otros que han resistido con honor esa tentación.
El objetivo final del gobierno de Washington es consolidar una «Red de Aliados» basada en la confianza mutua y la cooperación. Esa es la visión del Escudo de las Américas, a la que pronto se sumará Colombia, mientras México y Brasil siguen fuera porque su filosofía política de izquierda ya no encaja con la mayoría del continente.
Interesantemente, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se fue a meter al G7 en Francia y ahí hizo todo lo posible para que todos lo oyeran decir que él nunca ha sido izquierdista, sino que ha sido líder sindical. Claro que pienso lo mismo que usted está pensando: que en el próximo G7 el conde Drácula se apersonará también para negar que le guste chupar sangre.
En Washington se habla de que la realidad hoy, en el 2026, es que los delincuentes transnacionales se mueven a la velocidad de la luz. Lo que hay que escuchar también es la advertencia del Comando Sur, anticipando que el SOUTHCOM está aprendiendo a hacer lo mismo.
Los «vínculos financieros» entre el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado transnacional
Hoy, en el gobierno del presidente Trump, se habla también de que existe ya una batalla en la Comunidad de Seguridad Nacional que está centrada en América Latina y el Caribe. Y ¡OJO!, la meta del Pentágono es que las fuerzas armadas latinoamericanas mejoren sus capacidades para abordar la convergencia de redes ilícitas en la región. El Pentágono tiene un programa enorme de capacitación de fuerzas latinoamericanas en el que México está incluido.
Pero no es sencillo. Comencemos con el caso de México: el problema empieza con marcos jurídicos dispares sobre cómo definir el terrorismo internacional y también en cómo designar a las organizaciones terroristas extranjeras. Como si el reto no fuera ya mayor, hay que diseñar programas para intercambiar información de inteligencia sobre actividades delictivas transnacionales en todo el continente. La dificultad radica en que el costo es altísimo y, mientras haya distracciones como Irán, Líbano e Israel, las cosas avanzarán, pero a velocidad muy baja.
Entre las metas de EE. UU. está la de construir una red de amigos latinoamericanos
La creación de una «red amiga» en América Latina para abordar la tríada de crimen, drogas y terror necesita incluir la armonización de los marcos jurídicos sobre terrorismo internacional y crimen organizado transnacional en toda la región.
Este enfoque busca centrar el trabajo de EE. UU. en la creación de redes de aliados capaces de contrarrestar la amenaza que supone la convergencia entre el crimen y el narcoterrorismo. Los estadounidenses se quejan de que poner esta red en funcionamiento operativo resulta mucho más complejo porque existen diferencias operativas, legales y hasta de idioma.
Por todo lo anterior, México está haciendo esfuerzos para dar resultados. Como le conté la semana pasada, hay muchas cosas que son solo apariencias y otras que tienen mucho más valor por ser acciones reales; de estas últimas, México y Estados Unidos están teniendo cada vez más ejemplos.
Esta misma semana, los resultados del combate al narcotráfico por parte del Estado mexicano han superado todos los récords anteriores.
Las fuerzas de seguridad mexicanas, en coordinación con autoridades federales, ejecutaron importantes operativos contra el crimen organizado. En la sierra de Durango esto dejó más de 30 detenidos —incluidos objetivos prioritarios— y fuertes incautaciones de precursores químicos, fentanilo y armamento en Sinaloa y Sonora.
Simultáneamente, en Sinaloa, México inhabilitó múltiples laboratorios clandestinos de metanfetamina y aseguró químicos y precursores líquidos. En Sonora, decomisaron un arsenal que incluía un lanzagranadas y miles de cartuchos. Además, esto resultó también en un impacto transfronterizo con acciones paralelas en la frontera. Fueron golpes duros al crimen organizado.
La pregunta es si esto es suficiente, o si lo que EE. UU. está exigiendo es algo completamente distinto. ¿Usted qué cree?
¿O será suficiente seguir gritando: ¡el lobo, el lobo... ya viene el lobo!?

