José Luis Camacho Acevedo
Lo que se ha venido anunciando con bombo y platillo, la
inauguración del campeonato mundial de Fútbol, se está convirtiendo en una
amenaza para el prestigio de México en el mundo con las cotidianas
manifestaciones o las amenazas de bloqueos que se hacen un día sí y otro
también.
Los juegos que se realicen en nuestro país del torneo
mundialista están constreñidos por las protestas sociales.
El miércoles comentamos en este espacio que los gobiernos
federales y de la CDMX están perdiendo el control de la narrativa que proyectan
en los medios de difusión.
Perdido el gobierno entre los discursos desarticulados y
mentirosos de líderes de opinión “de extracción oficial” como Gerardo Fernández
Noroña o la ministra del pueblo, Lenia Batres, la sociedad amanece diariamente
con la zozobra de ser víctima de una nueva marcha en la capital del país o de
un para nacional de transportistas y productores agrícolas que pueden colapsar
las principales carreteras del país.
En su columna de ayer Salvador Camarena comenta la caótica circunstancia en la que vivimos los mexicanos.
Dice el columnista refiriéndose a lo que ocurre en el
aeropuerto de la CDMX:
“Unos amigos “de la provincia” para nada neófitos en viajes me llaman con una pregunta que primero parece de lo más extraña y luego de lo más lógica. Van a volar a la capital y quieren saber cómo salir del aeropuerto. Incertidumbre también en eso, qué logro del gobierno.
Porque ahora, aun para quienes
han viajado en avión durante décadas, la CDMX les representa una novedad para
mal. Al llegar no sabes si habrá autos de plataforma, o si te tomará horas
conseguir taxi autorizado; tampoco si es seguro salir a la calle a buscar un
Uber.
La izquierda (eso dicen ser) que gobierna el país y la capital olvida uno de sus logros. Ellas y ellos le dieron a esta urbe una imagen que ahora trituran. Tras el arribo del ingeniero Cárdenas en 1997 a la Jefatura de Gobierno, vivir acá, visitar el exDF, pasó de pesadilla a orgullo.
Ahora, por razones que nadie
realmente entiende, el obradorismo va en sentido contrario: complica la vida a
la gente porque sí.
Nuestro aeropuerto no tiene
arreglo. La terminal 2 se hunde, la 1 apesta. Son descripciones. Al cuarto para
las 12, el régimen que heredó el Mundial le da una manita al Benito Juárez.
Salvo que están decididos a hacer un “mall”, ¿la experiencia de viajar
mejorará?”
Lo cierto es que los encargados
de la conducción política en la CDMX, Guadalajara y Monterrey, sedes de los
partidos del Mundial a celebrarse en el territorio nacional, simbólicamente no
dan pie con bola.
Samuel García metido en la precampaña a gobernadora de su esposa; Pablo Lemus que no sabe qué hacer con el desbarajuste que dejó la muerte del Mencho; y Clara Brugada que sigue cada vez con mayor intensidad alentando su obsesión de ser la próxima presidenta de México, tienen al país, a sus calles, a sus sistemas de transporte colectivo y a sus aeropuesrtos y carreteras simple y sencillamente como elementos postergables en sus muy personales agendas.
¿Hasta cuándo llamará el Poder
Central al orden a estos baquetones y ambiciosos políticos?

