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El poder tiene nombre de mujer

por Marco A. Rodríguez
20-10-2026

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Marco A. Rodríguez Blasquez

La participación política de las mujeres ha dejado de ser una aspiración para convertirse en una realidad que transforma las instituciones, los partidos políticos y la vida pública.   Sin embargo, detrás de cada avance existe una larga historia de lucha por el reconocimiento de sus derechos y por ocupar espacios de decisión.

La presentación del libro Participación Política de las Mujeres, realizada en el auditorio del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), constituye una aportación a esa reflexión.  El encuentro reunió a una concurrida asistencia que recibió ejemplares de la obra, resultado de una investigación de más de un año desarrollada por destacados investigadores:  Ixchel Yglesias González Báez, Oscar Montiel Torres y  Angélica María Rivadeneyra Villarreal, mediante cientos de entrevistas a mujeres mexiquenses de los ámbitos político, empresarial y académico.

La moderación estuvo a cargo de la diputada del Partido del Trabajo (PT), Sara Ramírez de la O., las panelistas enriquecieron la presentación con comentarios sobre hallazgos del libro y experiencias personales que permitieron acercar al público a los desafíos que enfrentan las mujeres en el ejercicio de sus responsabilidades.

El recorrido histórico permite dimensionar lo alcanzado.  En México, el reconocimiento Constitucional de derecho de las mujeres a votar y ser electas llego el 17 de octubre de 1953, durante el gobierno de Adolfo Ruíz Cortines, dos años después, en 1955, las mexicanas ejercieron por primera vez ese derecho en una elección federal.

Desde entonces, el camino ha sido largo, con avances que no siempre han estado exentos de obstáculos.

En el ámbito internacional, figuras como Indira Gandhi, en India; Margaret Thatcher, en Reino Unido; Ángela Merkel en Alemania y Michelle Bachelet en Chile, demostraron que las mujeres pueden ocupar las más altas responsabilidades de gobierno.  En México la llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia de la República, en 2024, marcó un momento histórico; por primera vez, una mujer encabeza el Poder Ejecutivo Federal.

Estos acontecimientos confirman que la participación femenina no debe limitarse a conquistar candidaturas o cargos públicos, también implica contar con condiciones para ejercer el poder, intervenir en las decisiones y contribuir a la construcción de políticas, que respondan a las necesidades de la sociedad.

En este contexto, merece mención el trabajo de la doctora Angélica Rivadeneyra, integrante de la Comisión Ejecutiva Nacional del PT a quien las panelistas y la moderadora reconocieron por el esfuerzo realizado para conseguir el financiamiento que hizo posible esta investigación con el patrocinio del Partido de Trabajo.

Como responsable de la filiación del PT en el Estado de México, Angélica  Rivadeneyra desarrolla un trabajo territorial en distintos municipios mexiquenses acompañado de actividades de afiliación y capacitación.  He sido testigo de este esfuerzo cotidiano que busca fortalecerla  mediante la presencia de las comunidades a través del contacto directo con la ciudadanía.

Reconocerlo no significa restar importancia al trabajo colectivo de liderazgos y militantes; significa señalar que los proyectos requieren también personas dispuestas a impulsar su realización y conseguir los objetivos que se tracen.

Durante el encuentro también estuvo presente el Comisionado Político Nacional del PT en el Estado de México, responsable de contribuir a la unidad entre los liderazgos y la militancia, así como los trabajos de organización política rumbo al proceso electoral de2027.

La presentación del libro deja una reflexión necesaria: La igualdad política no se alcanza únicamente con reformas legales ni con la presencia de mujeres en puestos relevantes, requiere investigación, formación, organización y oportunidades reales para que más mujeres participen y decidan.  La democracia se fortalece no solo cuando las mujeres tienen derecho a participar si no también posibilidades efectivas de influir en el rumbo de la vida pública.