Por Roberto Aurioles
La diputada Patricia Armendáriz lanzó una frase que suena a ultimátum: "O nos subimos a la revolución de la Inteligencia Artificial hoy, o México está condenado a la irrelevancia económica en la próxima década." Y aunque comparto la urgencia, tengo que decirle algo con todo respeto: ese post es el problema, no la solución.
Lo he escuchado tres años seguidos. En cada congreso, en cada keynote de vendor, en cada foro con café gratis y diapositivas bonitas. La misma frase, el mismo tono apocalíptico, la misma conclusión: hay que subirse o morir. Mientras tanto, la mayoría de las empresas mexicanas siguen con datos fragmentados, sistemas desconectados y cero gobernanza de información. Así que permítame desarmar el eslogan.
La IA no es una varita mágica. Es un amplificador.
Si su operación funciona, la mejora. Si es un caos, lo amplifica. En 4K y en producción. Esto no es filosofía de café: es lo que veo todos los días en empresas que habilitan Copilot o Gemini sin auditar antes los permisos de su tenant. El asistente termina exponiendo contratos, nóminas y datos de clientes a quien no debía verlos. No fue un hackeo. Fue negligencia con interfaz de chat.
El problema de México no es falta de entusiasmo. Es falta de fundamentos: infraestructura, talento, clasificación de datos, controles de acceso y regulación con dientes. Y una diputada que preside la Comisión Especial de IA debería estar hablando de eso, no de subirse o no al tren. Porque el tren ya salió, querida diputada. La pregunta es si llevamos boletos, si sabemos a dónde va, o si solo estamos corriendo al lado del andén gritando que no nos deje.
El diagnóstico que nadie quiere escuchar
México no tiene un problema de adopción de IA. Tiene un problema de cimientos. Y hasta que no lo aceptemos, vamos a seguir celebrando foros mientras los trenes de datos siguen descarrilados.
Primero: infraestructura. Según la propia Comisión Federal de Electricidad y los datos de la industria, amplias regiones del país siguen lidiando con interrupciones eléctricas, conectividad irregular y centros de datos que dependen de una red frágil. No se construye una economía de IA sobre una red que parpadea.
Segundo: talento. No basta con comprar licencias. Necesitamos ingenieros de datos, especialistas en gobernanza, arquitectos de seguridad, auditores de modelos. ¿Cuántos de esos estamos formando al año? ¿Y cuántos se van al extranjero porque aquí no hay proyecto ni salario?
Tercero: datos. La mayoría de las organizaciones mexicanas no saben qué datos tienen, dónde están, quién los toca ni bajo qué reglas. Sin clasificación de datos no hay IA responsable. Hay improvisación con esteroides.
Cuarto: regulación con dientes. No hablo de prohibir ni de frenar. Hablo de reglas claras sobre responsabilidad algorítmica, privacidad, sesgos y auditoría. Sin eso, cada incidente va a ser una sorpresa y cada sorpresa, un titular.
El ejemplo que debería avergonzarnos
Mientras aquí debatimos si la IA es ciencia ficción o amenaza, China está invirtiendo sumas cuantiosas en formar a las próximas generaciones de ingenieros cibernéticos, tecnólogos y especialistas en IA. Estados Unidos corta cadenas de suministro de petróleo para emparejar el tablero. Europa, con todo y su arrogancia adolescente, al menos legisla. México, mientras tanto, celebra foros.
Y no me vengan con que "es que no hay presupuesto". El presupuesto es una decisión política, no un destino. Lo que no hay es prioridad. Lo que no hay es visión de Estado. Lo que no hay es la voluntad de dejar de reconstruir un pasado que no existió.
La pregunta correcta
La diputada preguntó: "¿Ustedes qué prefieren: que México sea creador de tecnología o que nos conformemos con ser simples consumidores?"
Respetuosamente, esa no es la pregunta. La pregunta es: ¿qué política concreta está impulsando? ¿Clasificación de datos? ¿Gobernanza? ¿Talento? ¿Infraestructura? ¿Auditoría algorítmica? ¿Incentivos reales para que las empresas inviertan en fundamentos y no solo en licencias?
Los foros no construyen fundamentos. Las decisiones sí. Y hasta ahora, lo que veo son fotos, hashtags y buenas intenciones. Eso no digitaliza un país. Eso solo llena auditorios.
No soy anti-IA. Soy anti-humo.
Creo firmemente que la IA puede transformar a México. Puede mejorar la salud, la educación, la seguridad, la productividad. Pero no va a llegar sola, ni va a llegar por decreto, ni va a llegar porque un político suba una foto en LinkedIn.
Va a llegar cuando tengamos datos ordenados, talento formado, infraestructura sólida, reglas claras y líderes que entiendan que la tecnología sin fundamentos es solo un acelerador hacia el precipicio.
Así que, diputada, le devuelvo la pregunta con todo respeto: ¿está dispuesta a dejar el micrófono y construir los cimientos? Porque de eso depende que México sea tripulación o pasaje. Y yo, como usted, no quiero que seamos pasaje.

