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La migración circular

por Redacción
23-08-2026

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Por: Antonio Meza Estrada

Opinión El Heraldo de México 


En el inicio de este siglo y en el oeste de Michigan, eran muchos los mexicanos que encontraban trabajo en las granjas levantando las berries. Ellos ingresaron al país antes de las severas restricciones migratorias posteriores al atentado a las Torres Gemelas de Nueva York.

Por aquellos años, los paisanos practicaban la migración circular: iban y trabajaban unos meses para mandar un viático a sus hogares, generar un ahorro para regresarse y emprender un negocio o pasar la temporada. Para ellos, el American way of life era ir por unos dólares y regresarse. No estaba en sus planes quedarse allá, aunque algunos lo hacían.

La distancia desde donde vivían hasta el consulado mexicano en Detroit era tan amplia que la pensaban para considerar tomar el largo viaje. Este trayecto era costoso y conllevaba el riesgo de encontrarse con la migra y ser deportados.

Trámites necesarios como obtener la Matrícula Consular de Alta Seguridad, renovar el pasaporte mexicano, registrar a los hijos nacidos allá o firmar poderes, pasaban a un obligado segundo término de la vida cotidiana.

Así es que, ante esa compleja realidad, la montaña -el consulado- iba a ellos: el consulado móvil se programaba dos veces por año e iba hasta las lejanas comunidades donde se encontraban.

En alguna ocasión, era tanta la demanda de los servicios que el consulado móvil duró dos días, con una breve pausa a medianoche, la misma que el cónsul adjunto aprovechó para ir a Detroit por más formas valoradas y para reanudar el servicio a las siete de la mañana del domingo posterior.

Si bien los empleados del consulado no recibían emolumentos adicionales a su sueldo tabulado por el trabajo en los consulados móviles de fin de semana, los paisanos eran generosos y les obsequiaban frutos, artesanías y productos textiles de la región, además de los alimentos.

Se daba un binomio virtuoso: los paisanos iban y venían entre sus hogares y sus eventuales sitios de trabajo, y sabían que en algún momento iría hasta allá el consulado móvil a apoyarlos y resolver sus necesidades.

Ser útil a los demás es ser generoso, más aún con nuestra familia que está fuera del ámbito de su hogar. Ese es el espíritu del servicio exterior mexicano.


El autor fue Cónsul de México en El Paso y Detroit entre 2000 y 2006

@YERBANIS33@GMAIL.COM