José
Luis Camacho Acevedo
El resultado de
las elecciones en Brasil el pasado domingo fue el que se presagiaba desde hace
meses.
Ni Luis Inazio Lula
da Silva ni el junior Flavio Bolsonaro alcanzaron más del 50% de los votos
emitidos y se irán, en tres semanas, a una segunda vuelta, el famoso Balotaje,
para decidir quién será finalmente el próximo presidente del gigante
sudamericano.
Los
pronósticos se inclinan ligeramente a la obtención de un triunfo de Flavio Bolsonaro
en el Balotaje.
Y con
ello los que todavía creen en la existencia de las geometrías en las ideologías
políticas, en el caso de los comicios brasileños, los considerados militantes
de la ideología derechista festejarían el hecho de que Latinoamérica ha dado un
importante giro a ese flanco imaginativo.
Eso de un
triunfo de la derecha es relativamente cierto en el supuesto de que el triunfo
sea para Bolsonaro.
Reconociendo
que en esos comicios existió un apoyo, ni siquiera disimulado, del exterior en
favor de la derecha, la pregunta aflora de manera palpable: ¿Quién ganó
verdaderamente las elecciones en Brasil?
Los especialistas dicen:
Una vez conocido el resultado de esos comicios,
y en el caso de que los gane la derecha representada testimonialmente por
Bolsonaro, las desigualdades sociales que padecen la mayoría de los países
sudamericanos no desaparecerán con la llegada de la derecha.
El dinero externo que pudo haber fluido en el
desarrollo de las elecciones brasileñas, muy probablemente provino de las
organizaciones criminales.
Y esos grupos no tienen ideología.
Tienen el interés de controlar a las
instituciones que sean corruptibles para seguir operando sus actividades
ilícitas pero que son de las más rentables del mundo.
No puedo
olvidar el presagio de Francis Fukuyama:
“El fin de la Historia de
Fukuyama es una idea que hace referencia a cómo, tras la victoria de un modelo
ideológico en lo económico y en lo político, era cuestión de tiempo que todo el
mundo lo acabara adoptando. Las ideologías, según él, habían sido el principal
motor de conflicto y quedando reducidas a solo una ya no tenía por qué seguir
habiendo.
Con sus aciertos y
equivocaciones la idea del fin de la historia de este politólogo norteamericano
ha estado en boca de muchos, especialmente en la década de los noventa cuando
se creyó que se estaba haciendo realidad, aunque hoy en día se pone muy en duda.”
Y es cierto.
Hoy se tiene que pensar en
los nuevos dominios que existen en nuestro mundo.
Y en Brasil esos nuevos
dominios económicos ya no están en las favelas. Ahora están en los grandes
centros financieros del país.
El resultado del Balotaje ya
está controlado, sea el que sea, por los nuevos demonios del mundo.

