Por Armando Guzmán
JD Vance, vicepresidente de Estados Unidos, afirmó la semana pasada que su país quiere seguir trabajando en operaciones policiacas conjuntas exitosas con México.
Aquí voy a regresar unos meses atrás para explicar a qué se refiere el vicepresidente.
Ir atrás es necesario, porque, en los últimos días, la comentocracia mexicana en redes sociales nos ha dejado con la idea de que Estados Unidos enviará a sus fuerzas armadas a atacar territorio nacional en cualquier momento. Ese ruido ha dejado de lado el análisis de lo que Estados Unidos y México sí están haciendo juntos, con cierto éxito, para mantener la frontera asegurada de ambos lados. Recuerden que eso es, al final de cuentas, lo que más importa al gobierno de Donald Trump.
Recuerden también que, en septiembre de 2025, Marco Rubio, secretario de Estado de EE. UU., llevó a México la idea de establecer operaciones militares y policiacas conjuntas. En ese momento había una gran tensión bilateral por la presión de Trump para designar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas.
Washington había anunciado que usaría “todo su poderío” para combatir a los cárteles, incluso fuera de su territorio. Así, Rubio llegó a México con una agenda centrada en seguridad, drogas, migración y soberanía. Claramente, buscaba un acuerdo más robusto que pudiera llevarle a Trump.
¿Qué propuso Rubio exactamente?
Propuso que México y Estados Unidos profundizaran su cooperación militar y policial, con énfasis en:
Operaciones coordinadas contra los cárteles y sus redes de tráfico.
Acciones rápidas y decisivas para desmantelar organizaciones criminales en ambos lados de la frontera.
Mayor intercambio de inteligencia y mecanismos conjuntos de implementación.
Control del tráfico de fentanilo hacia EE. UU. y de armas estadounidenses hacia México.
La ventaja de tener a un latino como secretario de Estado es que conoce la idiosincrasia mexicana. Esa fue la razón por la que Rubio buscó una vía mucho más diplomática que la sugerida por Trump de enviar tropas a México.
Resultado: cooperación más estrecha, pero sin intervención directa.
La respuesta de México: cooperación sí, injerencia no
La presidenta Claudia Sheinbaum dejó claro por primera vez que México no aceptaría tropas estadounidenses en su territorio.
¿Por qué fue tan importante esta visita?
Porque ocurrió en un momento en que Trump ya había autorizado el uso del ejército contra organizaciones del narcotráfico, y México temía seriamente una escalada hacia una intervención militar.
El momento era difícil: Trump presionaba para obtener resultados inmediatos en drogas y migración. Rubio actuó como puente.
Cualquier acuerdo sería un memorando de entendimiento, no un pacto militar vinculante. Así, la posición de Washington se convirtió en un marco de cooperación aceptable para México.
La Operación Espejo
Estados Unidos impulsó algo que alguien, muy ingeniosamente, llamó “Operación Espejo” en la frontera. México no lo dice, pero “sin querer queriendo” tuvo que ponerle entusiasmo a la idea.
Esta operación es un mecanismo de cooperación en el que México y Estados Unidos realizan operativos simultáneos, cada país dentro de su propio territorio, contra un mismo objetivo criminal.
EE. UU. actúa de su lado de la frontera.
México actúa del suyo, al mismo tiempo.
A veces ocurre a ambos lados de la línea fronteriza; otras, a decenas de kilómetros, pero en las mismas rutas y al mismo tiempo.
Ambos países comparten inteligencia, pero no hay tropas estadounidenses en México. La idea es “reflejar” acciones para presionar a un mismo cártel o red criminal desde ambos lados.
¿Qué tipo de éxitos ha producido?
Hoy hay un mejor flujo de inteligencia entre agencias de ambos países.
Esto ha permitido golpes coordinados que dificultan la huida de líderes o células criminales.
Ha habido una reducción temporal de ciertas rutas de tráfico cuando ambos países actúan simultáneamente.
Pero tampoco es para traer mariachis a celebrar: el impacto suele ser temporal. Los cárteles se adaptan rápido.
Si va a haber críticas, hay que decir que la coordinación depende de la confianza política, y eso en México ha estado fluctuando.
Y, francamente, esto no resuelve los problemas estructurales, como la corrupción, que afecta también el control territorial en México.
En resumen: la Operación Espejo funciona como herramienta táctica, pero no cambia por sí sola el panorama estratégico del crimen organizado.
JD Vance y su amenaza de usar tropas terrestres
Sobre esta parte de la entrevista de Univision con Vance, hay que aclarar que la gente del gobierno de Trump va por el mundo haciendo amenazas y parece totalmente inmune a entender que esto a mucha gente le cae como patada. Si a usted le causó ese efecto, puede estar seguro de que a muchos mexicanos y mexicoamericanos en EE. UU. les cayó igual.
Algo más: cuando la gente de la Casa Blanca le habla a Univision, TV Estrella, Telemundo, Entravisión o cualquier canal en español en EE. UU., saben que le están hablando a los mexicanos de este lado: nacidos en México, nacidos acá, naturalizados, etc.
La gente de Trump sabe que muchos de esos estadounidenses de origen mexicano se les están volteando en las elecciones primarias que se celebran cada martes y continuarán hasta septiembre. Amenazar con invadir México no le ayuda a Trump con los mexicanos ni con los latinos en EE. UU.
Eso tiene que ver con la nueva justificación de la Casa Blanca:
“El crecimiento del narcotráfico mexicano ya no es un asunto policiaco, sino un asunto de seguridad nacional”.
Un detalle más
El acuerdo con el secretario Rubio incluía continuar operaciones militares. Funcionarios estadounidenses dicen que, desde la operación que terminó con la muerte de “El Mencho”, líder del CJNG en febrero, a México se le bajó el entusiasmo por seguir ese tipo de acciones usando soldados mexicanos e inteligencia estadounidense.
Después del “tango” que resultó del descubrimiento público de la participación abierta de la CIA en Chihuahua, todo se puso peor. Está claro que hay razones políticas que explican la renuencia mexicana.
Aun así, funcionarios estadounidenses dicen que siguen hablando con sus contrapartes mexicanas sobre posibles acciones futuras contra los cárteles.
Pero nada hasta hoy.
El acuerdo BIG entre Estados Unidos y México del 12 de junio
El acrónimo BIG significa ‘Bilateral Implementation Group’ o Grupo de Implementación Bilateral.
¿Qué van a implementar?
Ambos países quieren trasladar la cooperación —hasta ahora basada en diálogo y coordinación— a acciones medibles y evaluables.
Para Washington, esto es necesario para que los intercambios de inteligencia y las acciones de aplicación de la ley estén sincronizados.
Este marco está activo hoy. El problema es que episodios como el de la CIA en México están impidiendo que México quiera iniciar nuevas operaciones específicas contra los cárteles. Ese es el “miedo” al que se refiere Trump.
Los reportes que México y EE. UU. emiten juntos (y que nadie en la 'comentocracia mexicana' lee)
Estos reportes bilaterales incluyen:
Avances en vigilancia fronteriza.
Captura de cargamentos de drogas de México hacia EE. UU.
Captura de armas de EE. UU. hacia México.
Las áreas de enfoque incluyen fentanilo, armas ilegales, crimen organizado y contrabando mediante drones.
Estas operaciones involucran a 15 agencias estadounidenses y a sus contrapartes mexicanas.
Para que vea la importancia: estos reportes son la base que Washington usa para intensificar medidas de control fronterizo.
Por eso, de repente, hay anuncios estadounidenses que parecen salir de la nada.
Como el mayor financiamiento para-ICE y CBP hasta 2029.
Ese anuncio salió de los reportes bilaterales. Esto es lo que Estados Unidos usa para ampliar la infraestructura de vigilancia y las operaciones fronterizas conjuntas.
A veces también se usan para asuntos políticos que favorecen a Trump, como la continuación de la construcción de barreras fronterizas en Texas y en el área del Big Bend.
Ahora ya sabe usted que si hay cosas que funcionan en la relación bilateral con Estados Unidos.

