Hasta marzo de 2026, Estados Unidos mantiene una ventaja abrumadora en gasto de defensa —acercándose al billón nuestro (trillón en EE. UU.) de dólares anuales— en comparación con los aproximadamente 15.000 millones que Irán destina a su defensa.Y aun así, Irán está ganando en estrategia. ¿Qué diablos ocurre?: Qué el dinero no lo es todo, especialmente dada la naturaleza de los conflictos modernos. Lo que los militares llaman estrategias asimétricas. A eso súmele las severas limitaciones logísticas de una guerra a largo plazo.Lo que el presidente Donald Trump nunca creyó ni tomó en serio es que la maquinaria militar más grande que el mundo ha visto en su historia —la estadounidense— no sería jamás capaz de forzar una victoria rápida. Trump se convenció, solito, en Venezuela de que había encontrado la fórmula mágica para cambiar gobiernos a su antojo. Esa fórmula es sencilla: se trata de encontrar traidores en la cúpula del gobierno que se quiere cambiar, y ellos mismos se encargan del trabajo sucio.Lo único necesario es proveer una fuerza militar que capture al dirigente depuesto y se acabó. En Irán se trataba no de capturar, sino de descabezar al gobierno matando a toda su cúpula en un solo bombardeo. Pero en Irán, Trump y sus asesores se equivocaron. Israel, a través de Bibi Netanyahu, los convenció fácilmente de que esta sería una excursión, y los estadounidenses se dejaron engañar.Hasta finales de marzo de 2026, EE. UU. e Israel han destruido partes significativas de la infraestructura nuclear y de misiles iraní, pero aun así Irán sigue en pie. Y no solo eso: por sí solo ha puesto en jaque a la economía estadounidense.La guerra asimétrica y las relaciones de “intercambio de costos”Irán adoptó una estrategia diseñada para contrarrestar el poder convencional superior de Estados Unidos mediante el uso de armas más económicas, como los drones kamikaze, para combatir activos estadounidenses de muy alto costo.Un solo misil interceptador THAAD, Therminal High Altitude Area Defense (Defensa de Área de Gran Altitud en Fase Terminal) tiene un costo aproximado de entre 12,8 y 15,5 millones de dólares, según cifras de 2025-2026. Un sistema completo de batería THAAD —que incluye lanzadores, radar y control de tiro— tiene un costo que oscila entre más de 1.000 millones y 1.800 millones de dólares. Se trata de defensas avanzadas y de alto costo, diseñadas para derribar e inutilizar misiles balísticos, no para derribar drones baratos. Los THAAD, cumplen su misión, pero el costo en dinero es exorbitante.En solo un mes, Estados Unidos gastó una cifra estimada de 11.300 millones de dólares en interceptores en un lapso de dos semanas, agotando inventarios de activos difíciles de reemplazar, como los misiles THAAD. Puesto en términos simples: EE. UU. estuvo gastando hasta 15 millones de dólares por cada misil THAAD para eliminar drones que a Irán le costaron unos tres mil dólares, a lo más. Y ahora, al final de marzo, los THAAD se están acabando, mientras los iraníes siguen produciendo montones de drones kamikaze que, por sí solos, causan enormes daños simplemente al estrellarse cargados de explosivos contra todo tipo de objetivos civiles y militares.Obviamente tener que usarlos contra drones baratos es una locura. Recientemente el Pentágono capturo y copio los drones Iranies y está tratando de usar drones estadounidenses para destruir a los drones iranies. El costo es menor, pero destruir un dron usando otro dron resulta mucho más difícil, operacional y estratégicamente.Los desafíos geográficos y logísticosLa geografía de Irán es accidentada, y su capacidad para interrumpir el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz genera ondas de choque económicas a nivel mundial, lo que hace que una guerra prolongada resulte increíblemente costosa para la economía global.Las tácticas insurgentes y los actores interpuestos en redComo ya se demostró en las guerras previas en Irak y Afganistán, las fuerzas armadas de Estados Unidos tienen dificultades para asegurar una “victoria” frente a redes profundamente arraigadas —como el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC)— que dependen de la insurgencia, de actores interpuestos regionales y de maniobras políticas. Desde hace siglos, los persas han entendido que, en lugar de librar batallas frontales, la fórmula que mejor les funciona es infligir al enemigo un sostenido “daño circular”. En lugar de apuntar al corazón o a la cabeza, apuntan a las piernas, los pies, los hombros y los brazos. Eso paraliza al enemigo. En este caso, EE. UU. tiene toda la maquinaria de guerra imaginable.Antes de morir en un bombardeo israelí, Ali Larijeani, el estratega iraní que quedó encargado del gobierno descabezado de Irán, afirmó: “Estados Unidos tiene todo tipo de relojes, pero Irán controla el tiempo.”Trump y los errores de cálculo estratégicoTrump tiene la culpa de errores de cálculo que, en lugar de dividir a Irán, crearon de repente una cohesión interna que nadie esperaba. La presión militar a menudo resulta contraproducente, y esta vez los ataques, bombardeos y el descabezamiento del gobierno solo fortalecieron la cohesión interna dentro de Irán y avivaron el sentimiento nacionalista frente a las amenazas externas. Cualquiera sabe que eso no solo dificulta un cambio de régimen o la sumisión del adversario: hace ambas cosas prácticamente imposibles.Las limitaciones de la base industrial estadounidenseLo más revelador para Washington ha sido darse cuenta de que tiene serias limitaciones en su base industrial. Mucha gente en el Congreso está indignadísima. Demócratas y republicanos se dan cuenta de que, a pesar del elevado presupuesto, la base industrial de defensa de Estados Unidos enfrenta serios desafíos para reponer municiones con la rapidez que se requiere durante conflictos intensos.Existen informes que sugieren que Estados Unidos ha considerado desviar armamento desde otras regiones para poder sostener las operaciones de combate en Irán.Aquí entre nos…Primero, ya sabemos que Estados Unidos posee la capacidad para devastar a Irán mediante medios convencionales. Sin embargo —y aquí viene lo más revelador e importante— la consecución de una “victoria” política estable y a largo plazo se ve limitada por los enormes costos económicos, militares y estratégicos inherentes a lo que, al principio de esta columna, dijimos que era el principal problema: enfrentar una guerra asimétrica.Por esa razón, al presidente Trump le urge salirse de Irán. El problema es que está empantanado: mientras Irán controle el estrecho de Ormuz, Estados Unidos no puede abandonar el área y clamar victoria.Y mientras tanto, a partir de abril habrá soldados estadounidenses listos para ser desplazados en tierra en Irán. Su misión será reabrir el estrecho de Ormuz y quitarle ese control a los iraníes. El Pentágono habla ahora de mantener a esos soldados ahí durante semanas y no meses. Si eso ocurre, Estados Unidos quedará más amarrado en Irán de lo que ya está hoy. Así han empezado todas las guerras eternas que EE. UU. ha peleado recientemente: Vietnam, Irak, Afganistán. Exactamente el tipo de guerras que Trump juró que jamás comandaría.La peor complicación que enfrenta el presidente es que en abril y mayo continuarán las elecciones primarias para determinar quiénes serán los candidatos para la elección general de medio término, en la que Trump corre el riesgo de perder el control de una de las cámaras del Congreso, quizá de ambas.Ali Larijeani tenía mucha razón: Estados Unidos tiene todo tipo de relojes, pero Irán controla el tiempo.

