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Qué fondo tiene el nuevo tipo de cooperación de Washington con México

por Armando Guzmán
07-10-2026

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Por Armando Guzman

 

Sorpresa, sorpresa... las gubernaturas de Texas y de Florida podrían caer en manos demócratas. Ahora lo que nos importa a nosotros es:

 

¿Qué pasaría con la relación con México si eligen gobernadores demócratas en esos dos importantes estados?

 

Algunas mediciones de 2026 muestran que la aprobación de Trump ha bajado incluso en estados tradicionalmente republicanos como los que habían sido sus bastiones...Texas y La Florida.

 

“Ojo”

 

Los gobernadores tienen influencia en:

  • Todos los asuntos de cooperación policial fronteriza.
  • En el despliegue de los recursos estatales.
  • En la relación con los grupos migrantes.
  • Y algo que es muy importante para los dos países, en la coordinación con autoridades mexicanas locales.

 

Ahora, aquí hay que tener cuidado porque hay grandes temas como la política externa de los Estados Unidos hacia México en los temas grandes que no serían afectados... como por ejemplo:

 

  • El combate a los cárteles,
  • Las designaciones de grupos terroristas,
  • Las sanciones financieras,
  • Los aranceles,
  • La cooperación de inteligencia,
  • La política exterior,

 

Todo lo anterior es controlado principalmente por Washington, desde la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Pentágono y el Congreso.

 

Y todo esto de hecho, nos conecta con algo que hemos comentado antes: la política anti-cártel en Washington que se está institucionalizando cada vez más. Eso significa que ya no cambiará con nuevos gobiernos o nuevos congresos.

 

Si el tres de noviembre Texas o Florida eligieran gobernadores demócratas, podría haber diferencias en el tono futuro y en algunos métodos en la relación de esos estados con México, pero no necesariamente habría un regreso al enfoque de hace diez o quince años. Cuando la amistad y las relaciones de los Estados de la Unión con el gobierno mexicano, eran más ágiles y hasta más amigables.

 

Lo que sí cambiaría

 

Un gobernador demócrata en Texas o Florida podría suavizar el discurso, pero difícilmente revertiría por sí solo la tendencia de endurecimiento de Washington frente a los cárteles y la corrupción vinculada al narcotráfico.  Eso ya no cambia porque esa ya es política pública dictada desde el centro del gobierno federal.

 

Esto conecta con algo que hemos comentado anteriormente aqui mismo: 

 

La percepción de que la política anticartel de Estados Unidos podría mantenerse incluso con un Congreso controlado por los demócratas.

 

Si esa percepción es correcta, significa que el problema ya dejó de ser una prioridad de un solo presidente y empezó a convertirse en una prioridad institucional de seguridad nacional.

 

Cuando eso ocurre, los cambios de partido afectan el tono y los métodos, pero no necesariamente el objetivo estratégico.

 

Por eso algunos observadores creen que la presión sobre México podría continuar bajo distintos gobiernos estadounidenses, aunque Trump probablemente la aplicaría de manera más visible, pública y confrontacional que otros líderes.

 

Estados Unidos tiene la intención de apoyar a gobiernos de derecha y a opositores que en Mexico, quieran llevar al país a la derecha.

 

En resumen, la hipótesis más sofisticada no es que Washington quiere "poner" a determinado político mexicano en el poder, sino que busca crear un entorno donde los actores políticos que obstaculicen el combate a las redes criminales enfrenten costos cada vez mayores, mientras que aquellos percibidos como colaboradores obtengan más respaldo diplomático, económico y de seguridad. 

 

Esa es una forma de influencia política mucho más sutil, pero potencialmente más efectiva.

 

Finalmente:

 

Estados Unidos tiene una larga historia de intentar influir en el comportamiento de gobiernos extranjeros cuando considera que están afectando intereses de seguridad nacional.

 

En el caso de México, el tema central ya no sería solamente migración o comercio. En los últimos años, el narcotráfico, el tráfico de fentanilo, el lavado de dinero y la penetración criminal en instituciones locales han pasado a ser asuntos de seguridad nacional para Washington.

 

Desde esa perspectiva, la presión no necesariamente buscaría imponer a un candidato concreto, sino favorecer políticas y actores que cooperen más estrechamente con agencias estadounidenses, permitan mayores intercambios de inteligencia, y actúen más agresivamente contra organizaciones criminales,