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Réquiem Ætérnam Pro Ignoti

por Kiky
29-09-2026

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Hay ausencias que no terminan con el paso del tiempo, hay nombres que permanecen suspendidos en la memoria colectiva porque detrás de cada uno existe una historia, una familia y una vida que fue arrancada de su curso.

A doce años de Ayotzinapa, los 43 estudiantes normalistas continúan siendo una herida abierta en la historia reciente de México. La noche del 26 al 27 de septiembre de 2014 no solamente desaparecieron 43 jóvenes: se fracturó, una vez más, la confianza en las instituciones encargadas de proteger la vida, garantizar la justicia y preservar la verdad.

El caso Ayotzinapa fue reconocido por la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia como un crimen de Estado, al establecer la concurrencia de integrantes de Guerreros Unidos y agentes de diversas instituciones del Estado mexicano, así como acciones, omisiones y participación de autoridades que permitieron la desaparición de los estudiantes.

Ayotzinapa es recordado, no por ser una fecha y menos aún, una cifra... En un México donde las madres buscadoras han convertido el dolor en búsqueda, la ausencia en memoria y el silencio en exigencia, no podemos pensar en los crímenes de estado como un momento más en las heridas de nuestro país. Ellas, quienes caminan por montes, terrenos, caminos y fosas clandestinas; sostienen fotografías, nombres y prendas como fragmentos de una vida que el Estado no ha logrado devolverles resignifican la búsqueda e interpelan directamente a las instituciones: mientras una madre busca, la desaparición continúa siendo una realidad presente.

Hablar de los 43 es recordar que detrás de cada persona desaparecida existe alguien que espera, pregunta, busca y exige. Es comprender que la desaparición no termina cuando alguien es sustraído de su entorno: continúa en el tiempo, se extiende hacia las familias y transforma la vida cotidiana de quienes permanecen.

En este contexto, resulta especialmente significativo que una destacada colega, amiga y escritora, Atzin Paredes, haya escrito el texto que da nombre a esta columna, dedicado precisamente a las madres buscadoras.

El título —“réquiem eterno por los desconocidos” adquiere otro significado... donde no se trata de desconocidos porque carezcan de nombre o de historia, sino porque existen demasiadas personas a las que la violencia, la desaparición y la impunidad han intentado convertir en anónimas. Creo que la labor de Atzin no solo fue recordarlas, sino resistir al olvido.

Y acompañar la búsqueda es reconocer que la memoria también puede ser una forma de justicia. El texto de Atzin dialoga con una preocupación que atraviesa estas páginas ¿Qué significa buscar cuando la incertidumbre se convierte en una forma permanente de existencia? Ayotzinapa nos obliga a formular estas preguntas, pero las madres buscadoras nos recuerdan que no pueden quedarse únicamente en preguntas.

A doce años de Ayotzinapa, recordar a los 43 es también recordar a todas las personas desaparecidas y a quienes, contra el cansancio, el miedo y la incertidumbre, continúan buscándolas.

Porque no son cifras, ni siquiera son solo son expedientes, de hecho, no son desconocidos porque fueron 43 estudiantes, fueron hijos, fueron hermanos, amigos y son historias interrumpidas que resuenan en los corazones de sus familias y de un México que sigue con una exigencia de verdad, justicia y memoria.

Réquiem Ætérnam Pro Ignoti.

Por los que faltan.

Por quienes los buscan.

Por quienes se niegan a olvidar.
Gracias, Atzin.