De cara a la Copa Mundial de la FIFA 2026, gobiernos de México, Estados Unidos y Canadá enfrentan crecientes presiones por el costo y la seguridad del evento.
En México, el foco se concentra en la modernización del Estadio Azteca y la logística urbana. Especialistas advierten que los costos indirectos —seguridad, movilidad, servicios— podrían superar las proyecciones iniciales.
En paralelo, en Estados Unidos se discute el impacto de políticas migratorias restrictivas sobre la afluencia internacional. La FIFA busca mantener una narrativa de apertura global, pero enfrenta un entorno político fragmentado.
Clave: el Mundial 2026 será menos un evento deportivo y más una prueba de coordinación política, viabilidad económica y gestión de riesgos a escala regional.

