
José Luis Camacho Acevedo
En política nada es casual.
Eso lo dicen los teóricos y los pragmáticos que analizan el quehacer político.
Recientemente han ocurrido eventos que representan un desafío político para la presidenta Claudia Sheinbaum.
Primero un ataque inesperado contra el titular de Hacienda, un funcionario apenas recién nombrado por la jefa del Ejecutivo.
No importa si fue la periodista Ramírez o el diario Reforma quienes decidieron poner en duda la personalidad de tan estratégico alfil en el tablero de la presidenta.
Lo importante es saber quiénes con los verdaderos dueños del perro que trató de morder a Edgar Amador.
No pasó nada con esa nota que presumía un fuego amigo contra el secretario de Hacienda. Lo que es necesario investigar, repito, es de quién es la mano que mece la cuna del “ataque” a Amador.
Días después, en los albañales de San Lázaro, se articuló una versión que alertaba de una presunta “reversa” del diputado Alfonso Ramírez Cuéllar a su propuesta de apoyar la iniciativa presidencial en relación al llamado nepotismo electoral.
¿De dónde vino esa versión?
Porque el legislador zacatecano Ramírez Cuéllar ha desmentido tal “reversa” anunciando que, incluso, realizará un recorrido nacional para reunir firmas de apoyo de la ciudadanía a la iniciativa de la presidenta Sheinbaum.
El clamor popular contra el nepotismo, que gracias el pueblo sabio que nunca se equivoca, es manifiesto e inequívoco.
Y que el mismo pueblo sabio le ha puesto nombres y apellidos de políticos afectados por la propuesta de cancelar la nefasta práctica de “heredar” el poder como si se estuviera viviendo en una rancia monarquía.
El ataque a Ramírez Cuéllar, que algunos de los corifeos del inquilino de La Chingada llaman “zigzagueo”, es un ataque que trata de pegar a la nave presidencial.
Como lo fue el trascendido contra Edgar Amador diciendo que la UIF lo estaba investigando, a solo unos cuántos días de haber sido designado nada menos que para enderezar las finanzas nacionales, tan amenazadas por el quebranto en el que la dejaron las ocurrencias del pasado inmediato, un quebranto al que se aúnan las amenazas trumpistas, que hasta ayer siguen siguieron siendo amenazas, en materia de aranceles.
Los ataques a los leales de la presidenta Sheinbaum tienen nombre y apellidos.
Y, esos personajes que tratan de esconderse en las virtudes teologales del anonimato, como lo dijera el gran Carlos Monsiváis, de manera automática, tienen plena conciencia que TODOS LOS PRESIDENTES, EN EL PRESENTE PRESIDENTA, DE MÉXICO, SE CONVIERTEN EN LOS PERSONAJES QUE TIENEN LA MEJOR INFORMACIÓN DE LO QUE OCURRE EN EL PAÍS.
Es oportuno recordar que, a lo largo de la historia, el poder ha sido único e indivisible.
Y en México ahora el mayor político es el que tiene Claudia Sheinbaum Pardo.