José Luis
Camacho Acevedo
El ministro de Asuntos Exteriores Roberto Velasco dijo ante la ONU que
"México no ve el mundo en términos de poder", pero ¿qué significa
eso? La respuesta está arraigada en la historia mexicana y la tradición de
política exterior.
La tradición de la política exterior mexicana ha sido para nuestro país
un timbre de orgullo ante las naciones del mundo por su carácter de respeto a
las decisiones que tome cada nación según lis intereses que marquen su
circunstancia.
El canciller Roberto Velasco ha sabido interpretar
las instrucciones de la presidenta Claudia Sheinbaum en materia de políticas
exterior en momentos en los que el mundo está amenazado igual por las complejas
circunstancias económicas, como por los imponderables como son
las guerra, los efectos del cambio climático o la interpretación ingenua de que
la inteligencia artificial en el año 2030 desplazará la función de los humanos
en la investigación, cuando la zona de confort que implica el copiar y pegar,
deje efectivamente que la IA supla muchas de las funciones de los auxiliares de
los tomadores de decisiones más importantes del mundo.
En ese contexto debe considerarse como algo
totalmente accesorio un trivial debate por la inauguración de una academia
militar en Querétaro.
Fue un evento en el que a los funcionarios queretanos se les olvidó, o
nunca la tuvieron dentro de sus lecturas políticas, la frase de Don Jesús
Reyes Heroles que decía:
“En política nunca se debe dejar implícito lo que
se debe dejar explícito”.
Simplemente debieron entender los queretanos en cuestión que un simple
acuse de recibo de un documento, nunca ha representado una autorización explícita
para que realice algún evento para el que se esté solicitando el permiso
correspondiente.
Pero eso es lo accesorio.
Lo trascendente e importante para la política
exterior mexicana lo encontramos en un reciente texto de José-Juan López-Portillo, asesor
senior en Miranda Partners, especializado en política exterior de México y
relaciones internacionales desde su actual base en el Reino Unido.
Cita al
canciller Roberto Velasco:
“No vemos el mundo en términos de potencias”:
En el Council on Foreign Relations, se le preguntó sobre el llamado de
Mark Carney en Davos, en enero, para que las potencias medias actúen juntas,
“porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú”. Velasco declinó, con
cortesía, pero con firmeza: “No nos consideramos una potencia media. No
vemos el mundo en términos de potencias” (traducción mía). Trabajar
estrechamente con Estados Unidos, añadió, no impide que México trabaje con el
resto del mundo.
En la misma semana, en la Asamblea General de la ONU, defendió la
igualdad jurídica de los Estados: la soberanía, dijo, no se mide por la fuerza
militar. Invocó a Juárez, Carranza y Genaro Estrada, reafirmó la solidaridad
con Cuba y el apoyo a un Estado palestino, y argumentó que la paz “no se
decreta ni se impone”. Días antes, desde la misma tribuna, el presidente Trump
había calificado a México como “el epicentro de la violencia de los cárteles”.
Velasco no lo mencionó. Citó la disminución de las cifras de homicidios,
lograda “sin la lógica de la guerra”, y dijo que México puede cooperar “de
cerca y con respeto” con sus socios mientras afirma su soberanía.”
Esas consideraciones del canciller Roberto Velasco
se inscriben en la agenda trascendente de México.
Una agenda que, en los momentos críticos que vive
el planeta, no debe distraerse en lo accesorio.

