Marcelo Ebrard Casaubon, nuestro Secretario de Economía y cabeza de la negociación comercial más importante para las y los mexicanos de hoy y de las generaciones del mañana como lo es la del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), ha señalado en reiteradas ocasiones en los últimos dos años –desde el inicio del gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum- que la época de la hiperglobalización y del libre comercio tradicional ha llegado a su fin, dando paso a un nuevo orden comercial global marcado por el proteccionismo y aranceles unilaterales. Nos ha dicho Marcelo que el mundo sin aranceles difícilmente regresará y que la etapa anterior de integración global extrema dejó resultados deficientes o incompletos (es decir que el modelo neoliberal nos quedó a deber a todos y en todas partes del mundo); y también nos ha advertido el ex Canciller Ebrard que las relaciones económicas internacionales actuales se reorganizan bajo un nacionalismo económico y se basan en desventajas comparativas y costos más bajos, condicionados por medidas arancelarias. En este sentido, y ante las nuevas reglas que se están configurando de proteccionismo-nacionalismo impulsadas de manera decidida por el gobierno de los Estados Unidos de América, la estrategia de México ha sido la de adaptarse con rapidez previendo múltiples escenarios, todos ellos complejos, para proteger los empleos nacionales existentes a través de acciones concretas como ajustes arancelarios a países asiáticos como China, acelerando la diversificación en el comercio internacional con otras naciones e implementando el Plan México con una nueva política industrial en cuyo eje conceptual se anida la marca “Hecho en México” no solo para fortalecer la identidad y orgullo nacional sino para darle contenido y valor agregado a lo que se produce y/o se termina de elaborar en nuestro país.
La incertidumbre global es uno de los factores determinantes que han estado presentes en todo este proceso de constantes cambios en el naciente regimen económico mundial. Recordemos que Heráclito, ese gran filósofo griego, acuñó la famosa frase sobre que “no hay nada permanente, excepto el cambio” y que la naturaleza de la existencia es dinámica por lo que debemos acostumbrarnos a la incertidumbre. Por lo tanto, en un contexto de irremediable incertidumbre y de cambios constantes hay que hacer gala de pragmatismo guiados por una estrategia clara en la que es necesario plantearse objetivos y resultados constantes, en el corto plazo, y consolidarlos para hacer viables los arreglos de fondo que perduren en el futuro y que sean de largo plazo. Es así que a estas alturas de las negociaciones podemos afirmar que la estrategia asumida por la Presidenta Claudia Sheinbaum e impulsada por Marcelo Ebrard ya está dando resultados y que frente a la incertidumbre global se ha tenido éxito tanto por la continuidad del T-MEC como por la modernización del acuerdo comercial con la Unión Europea.
La comprensión de la magnitud de los cambios que estamos viviendo y del nuevo rumbo que están tomando las cosas es fundamental para que todos compartamos un mismo diagnóstico y tengamos claro hacia a dónde vamos. Al respecto, encontré un texto que me parece muy ilustrativo y que se intitula “Entendiendo la coexistencia de la globalización y el nacionalismo”, de Mauricio Lascurain Fernández del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Veracruzana, en el que nos dice que “la globalización y la desglobalización son procesos sociales que se caracterizan por un aumento o disminución de la interdependencia entre las naciones” y que “la globalización se asocia con la perspectiva cosmopolita moderna, mientras que la desglobalización se relaciona con perspectivas cada vez más nacionalistas. Aunque estos términos (desglobalización y nacionalismo) están estrechamente interconectados, no se utilizan como sinónimos absolutos, sino como procesos sociales concurrentes que se refuerzan mutuamente”. Por otra parte, es oportuno observar que hay varios autores (Mounk, 2018; Roberts-Miller, 2017; Wodak, 2021) que han escrito sobre el tema de los cambios en marcha nos dicen que estos acontecimientos reflejan la emergencia de nuevos actores y movimientos políticos que, desde diversas posiciones ideológicas rechazan los efectos de la globalización, cuestionan sus beneficios y promueven agendas centradas en la soberanía nacional, la protección de las economías locales y la reivindicación de identidades culturales frente a los procesos de homogeneización global. En algunos textos refieren que “el nacionalismo, visto como una forma extrema de política, disminuyó durante la globalización, no obstante, está experimentando un aumento durante la etapa de desglobalización” y destacan que los líderes políticos como Giorgia Meloni (Italia), Donald Trump (EE.UU.), Vladimir Putin (Rusia), Recep Tayyip Erdoğan (Turquía), Rodrigo Duterte (Filipinas), Jair Bolsonaro (Brasil), Narendra Modi (India), Viktor Orban en (Hungría), Alexander Gauland y AliceWeidel, en Alemania, Jussi Hallaaho en Finlandia, Jean Marie Lepenen en Francia, Heinz-Christian Strache en Austria, Petro Poroshenko en Ucrania, Jaroslawy Lech Kaczynski en Polonia, encajan en el patrón de los nacionalistas autoritarios.
Muy importante anotar, para entender, que estos líderes abogan por fronteras nacionales estrictas para mantener fuera a los migrantes, tratan a sus oponentes políticos como traidores nacionales y expresan desprecio por el cosmopolitismo liberal. Más importante aún, para entender más, que la globalización y el nacionalismo son dos procesos sociales complejos que han coexistido a lo largo de la historia. En los últimos años, nos dicen los autores, esta coexistencia ha sido objeto de un intenso debate, principalmente en torno a si la globalización, caracterizada por la creciente interdependencia entre naciones, ha dado paso a un proceso opuesto, la desglobalización, ya que se ha observado un aumento global de actitudes nacionalistas y un rechazo a la globalización aunque aceptan que la globalización ha traído consigo un mayor intercambio entre las naciones, pero también ha generado nuevos desafíos y tensiones, que han llevado al auge del nacionalismo. Por lo pronto, digamos adiós a la hiperglobalización y demos la bienvenida a los nacionalismos globalizados porque son ya el nuevo orden que nos regirá por muchos años. Como lo afirmó nuestro negociador comercial Marcelo Ebrard “hemos pasado del libre comercio en los años 90 a un esquema marcado por el proteccionismo global … el mundo entró de lleno a un nuevo orden comercial global marcado por el fin del libre comercio tradicional y por el auge del proteccionismo. El T-MEC y los aranceles son el reto mayúsculo para México”. Lo que está pasandoy lo que está por pasar será un intento más en la ruta de la humanidad por lograr satisfacer las necesidades (no solo materiales) de las sociedades de todas las naciones. El nuevo modelo en ciernes, el nuevo régimen que aún no tiene nombre, que todavía no han bautizado, viene a sustituir al fallido “neoliberalismo” que no generó el desarrollo integral que prometió y que acentuó las desigualdades sociales en todo el Mundo. Una nueva apuesta mundial con nuevos retos mundiales y nacionales de los cuales México no está ausente.

