Por
José Luis Camacho Acevedo
En la segunda parte de mi conversación con mi amigo Armando Guzmán para AEI Noticias, sostuve que la situación
política y judicial de Rubén Rocha Moya continúa evolucionando en una dirección
que podría resultar muy complicada para el gobernador con licencia de Sinaloa.
A mi juicio, el cerco se está cerrando y cada vez aparecen más elementos que
fortalecen las investigaciones que se desarrollan en Estados Unidos.
Uno de
esos elementos es la captura de Ernesto Corrales, el único sobreviviente de
aquella reunión ocurrida en un exclusivo fraccionamiento donde estuvieron
presentes Ismael "El Mayo" Zambada, uno de los hijos de Joaquín
"El Chapo" Guzmán, Héctor Melesio Cuén y el chofer de este último.
Recordemos que Cuén era un abierto adversario político de Rocha Moya.
La
relevancia de Corrales radica en que es el único testigo vivo de una historia
que todavía tiene numerosos capítulos por escribirse. Su testimonio puede
aportar información de enorme valor para las autoridades estadounidenses y
complementar la gran cantidad de datos que, según diversas versiones, ya habría
proporcionado el general Gerardo Mérida. Por eso considero que la posibilidad
de una eventual extradición de Rocha Moya está hoy más cerca de lo que muchos
imaginan.
La
situación se vuelve todavía más delicada porque Ismael "El Mayo"
Zambada ya se encuentra en Estados Unidos. Su traslado y las circunstancias que
rodearon ese episodio continúan generando interrogantes y consecuencias
políticas. Lo cierto es que las investigaciones siguen avanzando y los
expedientes se siguen alimentando.
Pero
el caso de Rocha Moya no puede analizarse de manera aislada. Hay otros
acontecimientos que están modificando el tablero político y de seguridad en
México. Uno de ellos es la ofensiva encabezada por Omar García Harfuch contra
las redes del llamado huachicol fiscal.
Desde
mi perspectiva, estamos frente a una de las operaciones más importantes
emprendidas por el gobierno federal contra las estructuras financieras que
alimentan al crimen organizado. Este fenómeno no sólo afecta a México. También
preocupa a Estados Unidos porque involucra operaciones binacionales y recursos
que terminan fortaleciendo a los cárteles.
Incluso
me atrevo a plantear que el huachicol fiscal podría convertirse en una fuente
de recursos más importante para algunas organizaciones criminales que ciertos
negocios tradicionalmente asociados con el narcotráfico. El volumen de dinero
que mueve y las complejas redes de lavado de recursos que genera explican por
qué el tema ha adquirido una importancia estratégica para ambos gobiernos.
En ese
contexto aparecen personajes, empresarios y operadores que hoy están bajo
observación, como los prestanombres de “Andy” López Beltrán. La investigación
sobre el huachicol fiscal está alcanzando niveles cada vez más altos y podría
arrojar sorpresas políticas de gran magnitud.
Mientras
tanto, en Sinaloa ya se produjo el movimiento más importante de los últimos
meses: la llegada de una nueva gobernadora. La ex diputada Graciela Domínguez
asumió el cargo con el respaldo directo de la presidenta Claudia Sheinbaum.
No
comparto los argumentos legales que pretenden presentar este relevo como un
mero trámite institucional. Lo que vimos fue una decisión eminentemente
política. Fue un manotazo de autoridad de la Presidenta de la República. Rocha
Moya salió por la puerta giratoria y quedó claro que el presidencialismo
mexicano sigue plenamente vigente.
La
nueva gobernadora llega con el apoyo de Palacio Nacional y contará con el
respaldo del Ejército Mexicano, la Marina y, sobre todo, de la Secretaría de
Seguridad encabezada por Omar García Harfuch. Ese apoyo será determinante en
una entidad que sigue enfrentando enormes desafíos en materia de seguridad y
gobernabilidad.
Por
otra parte, considero que Claudia Sheinbaum ha actuado con prudencia frente a
Estados Unidos. Ha demostrado tener la cabeza fría y no tiene ninguna prisa por
entrar en una confrontación con la administración de Donald Trump. La
Presidenta entiende que la relación bilateral atraviesa un momento complejo y
que todavía quedan por delante las elecciones legislativas estadounidenses de
noviembre.
No
sería extraño que el gobierno mexicano espere el resultado de esos comicios
antes de tomar decisiones definitivas en asuntos particularmente sensibles. Si
los demócratas logran recuperar una o dos cámaras del Congreso, el entorno
político en Washington podría modificarse y con ello también algunas presiones
sobre México.
Por
ahora, la realidad es que Sinaloa ya tiene nueva gobernadora, el gobierno
federal ha retomado el control político de la entidad y las investigaciones que
involucran a Rocha Moya continúan avanzando. La pregunta ya no es si habrá
nuevas revelaciones, sino cuándo aparecerán y qué tan profundas serán sus
consecuencias para uno de los episodios políticos más delicados de los últimos
años.

