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CHQH: ¿Nos conviene a los mexicanos comprar el gas natural que Donald Trump insiste en vendernos?

por Armando Guzmán
21-10-2026

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Por Armando Guzmán

Hoy quiero explicarles por qué el presidente Donald Trump está impulsando que México compre más gas natural proveniente de Estados Unidos. Se trata de un tema estratégico para ambos países y que, además, forma parte de las discusiones económicas y comerciales que rodean la renegociación y el futuro de la relación bilateral.

Lo primero que hay que entender es que, a pesar de ser la segunda economía más grande de América Latina, México depende en gran medida del gas natural estadounidense para mantener en funcionamiento su industria y producir electricidad.

Actualmente, México consume más de 9,500 millones de pies cúbicos diarios de gas natural. Aunque Pemex produce aproximadamente 2,300 millones de pies cúbicos diarios, una parte importante de ese volumen se utiliza dentro de sus propias operaciones. Como resultado, las importaciones provenientes de Estados Unidos cubren cerca del 75% de la demanda nacional.

La mayor parte de ese combustible proviene de la Cuenca Pérmica, ubicada en el oeste de Texas, desde donde se transporta hacia el norte, centro y occidente de México a través de una extensa red de gasoductos.

El gas natural importado se utiliza principalmente en tres áreas:

Generación de electricidad: Es el combustible principal para producir más del 60% de la energía eléctrica del país mediante centrales termoeléctricas y plantas de ciclo combinado.

Sector industrial: Abastece a parques industriales y a industrias manufactureras, automotrices y de transformación que constituyen una parte esencial de la economía mexicana.

Industria petroquímica: Sirve como materia prima y fuente de energía para diversas operaciones de Pemex y del sector petroquímico nacional.

Además, parte del gas que llega a México es procesado y licuado en instalaciones especializadas para posteriormente exportarse a mercados asiáticos.

Sin embargo, existe otro problema poco conocido, pero de enorme importancia para la seguridad energética nacional: México prácticamente no cuenta con almacenamiento estratégico de gas natural.

A diferencia de otras economías desarrolladas, el país no posee reservas subterráneas de gran escala y dispone únicamente de una capacidad operativa equivalente a unos tres días de suministro. Esto significa que cualquier interrupción significativa en el flujo proveniente de Estados Unidos podría generar afectaciones en la generación eléctrica y en la actividad industrial.

Por esa razón, diversos especialistas consideran urgente desarrollar infraestructura de almacenamiento estratégico que permita reducir los riesgos asociados a esta dependencia.


El interés de Trump y el debate sobre la inversión privada

Dentro de este contexto surge la propuesta impulsada desde Washington para facilitar una mayor participación de empresas estadounidenses en proyectos vinculados con Pemex y con la infraestructura energética de México.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado que la Constitución mexicana impide transferir la propiedad de los hidrocarburos o privatizar Pemex. Sin embargo, también ha señalado que existen mecanismos legales para desarrollar proyectos conjuntos mediante contratos de servicios, asociaciones operativas y esquemas de colaboración con el sector privado.

La pregunta es inevitable:

¿Le conviene a México una mayor participación de empresas estadounidenses en el sector energético?

Como ocurre con casi todos los temas estratégicos, la respuesta tiene ventajas y riesgos.

Factores a favor

Inyección de capital

Pemex enfrenta una pesada deuda financiera y necesidades crecientes de inversión. La llegada de capital privado podría reducir la presión sobre las finanzas públicas y acelerar proyectos que actualmente avanzan con lentitud por falta de recursos.

Transferencia de tecnología

Las empresas energéticas estadounidenses cuentan con experiencia en áreas donde México tiene rezagos, particularmente en aguas profundas, infraestructura de transporte y explotación de yacimientos complejos. Aprovechar ese conocimiento podría acelerar la modernización del sector.

Incremento de la producción

La participación privada puede contribuir a reactivar campos maduros, mejorar la eficiencia operativa y aumentar la producción de petróleo y gas natural en menor tiempo que si Pemex actuara por sí solo.

Mayor estabilidad en el suministro

Una integración energética más profunda con Estados Unidos podría dar acceso a contratos de largo plazo y garantizar un abasto más estable para la economía mexicana.


Factores en contra

Mayor dependencia energética

México ya obtiene aproximadamente el 75% del gas natural que consume desde Estados Unidos. Incrementar aún más la participación de empresas estadounidenses podría aumentar la dependencia de decisiones políticas o comerciales tomadas en Washington.

Riesgos para la soberanía energética

Uno de los objetivos históricos de la política energética mexicana ha sido mantener el control estatal sobre los recursos estratégicos. Una apertura excesiva podría ser vista como una erosión de esa rectoría.

Vulnerabilidad geopolítica

Cualquier desacuerdo comercial o diplomático entre ambos países podría traducirse en presiones relacionadas con precios, suministro o inversiones energéticas.

Incertidumbre jurídica

Los inversionistas han expresado preocupaciones sobre la estabilidad regulatoria, la capacidad de pago de Pemex y los cambios institucionales ocurridos en años recientes. Esa incertidumbre podría limitar los beneficios esperados.


¿Le conviene entonces a México comprar más gas estadounidense?

La respuesta tampoco es absoluta.

Sí, sí fortalece la competitividad del país

El gas natural estadounidense es abundante, relativamente barato y ha permitido que México mantenga costos eléctricos competitivos. Mientras no exista una producción nacional suficiente para sustituirlo, seguirá siendo un componente indispensable para la economía.

Además, contar con un suministro confiable de gas es fundamental para atraer inversiones industriales y sostener el crecimiento económico.

Pero no, si sustituye una estrategia nacional de largo plazo

El riesgo surge si México se conforma con importar cada vez más energía sin invertir simultáneamente en producción propia, almacenamiento estratégico e infraestructura energética nacional.

En ese escenario, el país podría quedar cada vez más expuesto a decisiones políticas, comerciales y hasta geopolíticas tomadas fuera de sus fronteras.


El verdadero reto

La discusión no debería ser si México compra o no gas estadounidense, porque hoy la realidad económica indica que lo necesita.

La verdadera pregunta es si México puede aprovechar esa relación para fortalecer su propia seguridad energética o si terminará profundizando una dependencia que ya es considerable.

En otras palabras, la cooperación con Estados Unidos puede ser una oportunidad para modernizar la industria energética mexicana, siempre y cuando los acuerdos permitan atraer inversión, tecnología y financiamiento sin comprometer la propiedad nacional de los hidrocarburos ni la capacidad de decisión del Estado mexicano.

Y aquí vale la pena observar un dato interesante: los ejemplos de asociaciones amplias entre Pemex y empresas estadounidenses siguen siendo limitados. Uno de los casos más conocidos es Halliburton, que desde hace años presta diversos servicios especializados a Petróleos Mexicanos.

En la Casa Blanca algunos funcionarios suelen citar un modelo parecido al de Corea del Sur, una potencia industrial que importa gran parte de la energía que consume desde Estados Unidos. Sus defensores argumentan que esa relación ha sido beneficiosa para ambas naciones. Sin embargo, los críticos recuerdan que México posee recursos energéticos propios y que su desafío consiste precisamente en encontrar un equilibrio entre la cooperación internacional y la autosuficiencia estratégica.

En el fondo, el debate no es entre abrir o cerrar el sector energético. El verdadero debate es cómo aprovechar las ventajas de la integración con Estados Unidos sin sacrificar la seguridad energética y los intereses nacionales de México.

Recibido, muchísimas gracias ☺️ lo subo y en un momento le envío link 


Cindy Iveth Pulido Sánchez.

Licenciada en Psicología. 

Especialista en Comunicación, Criminología y Poder: (Trayectoria Psicología Criminológica)

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El mié, 21 de oct de 2026, 12:13, Armando Guzman <washingtonmediaproductions@gmail.com> escribió:



Cosas de las que hay que hablar


¿Nos conviene a los mexicanos comprar el gas natural que Donald Trump insiste en vendernos?


Por Armando Guzmán


Hoy quiero explicarles por qué el presidente Donald Trump está impulsando que México compre más gas natural proveniente de Estados Unidos. Se trata de un tema estratégico para ambos países y que, además, forma parte de las discusiones económicas y comerciales que rodean la renegociación y el futuro de la relación bilateral.

Lo primero que hay que entender es que, a pesar de ser la segunda economía más grande de América Latina, México depende en gran medida del gas natural estadounidense para mantener en funcionamiento su industria y producir electricidad.

Actualmente, México consume más de 9,500 millones de pies cúbicos diarios de gas natural. Aunque Pemex produce aproximadamente 2,300 millones de pies cúbicos diarios, una parte importante de ese volumen se utiliza dentro de sus propias operaciones. Como resultado, las importaciones provenientes de Estados Unidos cubren cerca del 75% de la demanda nacional.

La mayor parte de ese combustible proviene de la Cuenca Pérmica, ubicada en el oeste de Texas, desde donde se transporta hacia el norte, centro y occidente de México a través de una extensa red de gasoductos.

El gas natural importado se utiliza principalmente en tres áreas:

Generación de electricidad: Es el combustible principal para producir más del 60% de la energía eléctrica del país mediante centrales termoeléctricas y plantas de ciclo combinado.

Sector industrial: Abastece a parques industriales y a industrias manufactureras, automotrices y de transformación que constituyen una parte esencial de la economía mexicana.

Industria petroquímica: Sirve como materia prima y fuente de energía para diversas operaciones de Pemex y del sector petroquímico nacional.

Además, parte del gas que llega a México es procesado y licuado en instalaciones especializadas para posteriormente exportarse a mercados asiáticos.

Sin embargo, existe otro problema poco conocido, pero de enorme importancia para la seguridad energética nacional: México prácticamente no cuenta con almacenamiento estratégico de gas natural.

A diferencia de otras economías desarrolladas, el país no posee reservas subterráneas de gran escala y dispone únicamente de una capacidad operativa equivalente a unos tres días de suministro. Esto significa que cualquier interrupción significativa en el flujo proveniente de Estados Unidos podría generar afectaciones en la generación eléctrica y en la actividad industrial.

Por esa razón, diversos especialistas consideran urgente desarrollar infraestructura de almacenamiento estratégico que permita reducir los riesgos asociados a esta dependencia.


El interés de Trump y el debate sobre la inversión privada

Dentro de este contexto surge la propuesta impulsada desde Washington para facilitar una mayor participación de empresas estadounidenses en proyectos vinculados con Pemex y con la infraestructura energética de México.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado que la Constitución mexicana impide transferir la propiedad de los hidrocarburos o privatizar Pemex. Sin embargo, también ha señalado que existen mecanismos legales para desarrollar proyectos conjuntos mediante contratos de servicios, asociaciones operativas y esquemas de colaboración con el sector privado.

La pregunta es inevitable:

¿Le conviene a México una mayor participación de empresas estadounidenses en el sector energético?

Como ocurre con casi todos los temas estratégicos, la respuesta tiene ventajas y riesgos.

Factores a favor

Inyección de capital

Pemex enfrenta una pesada deuda financiera y necesidades crecientes de inversión. La llegada de capital privado podría reducir la presión sobre las finanzas públicas y acelerar proyectos que actualmente avanzan con lentitud por falta de recursos.

Transferencia de tecnología

Las empresas energéticas estadounidenses cuentan con experiencia en áreas donde México tiene rezagos, particularmente en aguas profundas, infraestructura de transporte y explotación de yacimientos complejos. Aprovechar ese conocimiento podría acelerar la modernización del sector.

Incremento de la producción

La participación privada puede contribuir a reactivar campos maduros, mejorar la eficiencia operativa y aumentar la producción de petróleo y gas natural en menor tiempo que si Pemex actuara por sí solo.

Mayor estabilidad en el suministro

Una integración energética más profunda con Estados Unidos podría dar acceso a contratos de largo plazo y garantizar un abasto más estable para la economía mexicana.


Factores en contra

Mayor dependencia energética

México ya obtiene aproximadamente el 75% del gas natural que consume desde Estados Unidos. Incrementar aún más la participación de empresas estadounidenses podría aumentar la dependencia de decisiones políticas o comerciales tomadas en Washington.

Riesgos para la soberanía energética

Uno de los objetivos históricos de la política energética mexicana ha sido mantener el control estatal sobre los recursos estratégicos. Una apertura excesiva podría ser vista como una erosión de esa rectoría.

Vulnerabilidad geopolítica

Cualquier desacuerdo comercial o diplomático entre ambos países podría traducirse en presiones relacionadas con precios, suministro o inversiones energéticas.

Incertidumbre jurídica

Los inversionistas han expresado preocupaciones sobre la estabilidad regulatoria, la capacidad de pago de Pemex y los cambios institucionales ocurridos en años recientes. Esa incertidumbre podría limitar los beneficios esperados.


¿Le conviene entonces a México comprar más gas estadounidense?

La respuesta tampoco es absoluta.

Sí, sí fortalece la competitividad del país

El gas natural estadounidense es abundante, relativamente barato y ha permitido que México mantenga costos eléctricos competitivos. Mientras no exista una producción nacional suficiente para sustituirlo, seguirá siendo un componente indispensable para la economía.

Además, contar con un suministro confiable de gas es fundamental para atraer inversiones industriales y sostener el crecimiento económico.

Pero no, si sustituye una estrategia nacional de largo plazo

El riesgo surge si México se conforma con importar cada vez más energía sin invertir simultáneamente en producción propia, almacenamiento estratégico e infraestructura energética nacional.

En ese escenario, el país podría quedar cada vez más expuesto a decisiones políticas, comerciales y hasta geopolíticas tomadas fuera de sus fronteras.


El verdadero reto

La discusión no debería ser si México compra o no gas estadounidense, porque hoy la realidad económica indica que lo necesita.

La verdadera pregunta es si México puede aprovechar esa relación para fortalecer su propia seguridad energética o si terminará profundizando una dependencia que ya es considerable.

En otras palabras, la cooperación con Estados Unidos puede ser una oportunidad para modernizar la industria energética mexicana, siempre y cuando los acuerdos permitan atraer inversión, tecnología y financiamiento sin comprometer la propiedad nacional de los hidrocarburos ni la capacidad de decisión del Estado mexicano.

Y aquí vale la pena observar un dato interesante: los ejemplos de asociaciones amplias entre Pemex y empresas estadounidenses siguen siendo limitados. Uno de los casos más conocidos es Halliburton, que desde hace años presta diversos servicios especializados a Petróleos Mexicanos.

En la Casa Blanca algunos funcionarios suelen citar un modelo parecido al de Corea del Sur, una potencia industrial que importa gran parte de la energía que consume desde Estados Unidos. Sus defensores argumentan que esa relación ha sido beneficiosa para ambas naciones. Sin embargo, los críticos recuerdan que México posee recursos energéticos propios y que su desafío consiste precisamente en encontrar un equilibrio entre la cooperación internacional y la autosuficiencia estratégica.

En el fondo, el debate no es entre abrir o cerrar el sector energético. El verdadero debate es cómo aprovechar las ventajas de la integración con Estados Unidos sin sacrificar la seguridad energética y los intereses nacionales de México.