Federico Berrueto
La reacción de la presidenta Sheinbaum de estos días está a la altura de la crisis terminal que vive el régimen obradorista. El escándalo en el INE es muestra de lo que ha traído la llamada cuarta transformación: destrucción de lo que estaba bien y, en lugar de eso, parcialidad, incompetencia y desbordada venalidad. No robar, no mentir, no traicionar, mantra que se niega día con día y más con la impunidad existente.
Es admirable que, a pesar del escándalo, o quizás por eso mismo, ni siquiera esté de por medio la consideración sobre la inconveniencia de ir a elecciones con un órgano parcial y corrupto. De hecho, el tema central es la manera como el régimen político se hizo del INE, que no solamente tiene que ver con la elección de la señora Taddei como consejera presidente, sino con todas las decisiones tomadas después de la elección intermedia.
Los últimos siete consejeros, incluida la presidenta, fueron seleccionados para representar al régimen y han cumplido con creces. El rosario de decisiones del Consejo General lo prueba: la asignación espuria de mayoría calificada a un partido, la validación de la elección del acordeón, aprobar las campañas anticipadas de Morena, la autorización de las boletas planchadas, la sanción a dirigentes partidistas en ejercicio de su libertad de expresión, el cambio en la verificación de los observadores electorales y otras.
La crisis es responsabilidad del régimen político por su determinación de control, asunto que remite a otros ámbitos: la colonización del Tribunal Electoral; la destrucción del sistema de justicia y de la Corte; la desaparición de los órganos autónomos para la contención del poder, la transparencia y rendición de cuentas; el colapso del sistema de salud y educativo; el incontenible contrabando de combustibles; la apropiación del crimen organizado de autoridades municipales y locales; el crecimiento exponencial de la extorsión. En breve, el imperio de la impunidad, la mediocridad y la venalidad.
Mientras, la presidenta Sheinbaum escala la polémica sin importar razón o veracidad, porque importa el golpe, la calumnia: que Taddei se debe a Lorenzo Córdova, Alfredo Figueroa y Ciro Murayama; que el triunfo de Fox resultó del acuerdo de Zedillo con el gobierno de EU; que Zedillo (no Bartlett) fue responsable del fraude electoral de 1988; que Krauze, Aguilar Camín, Woldenberg y más fueron traidores que sirvieron a Carlos Salinas en la elección de 1988, que los críticos obradorismo, especialmente Carlos Loret, avalaron dicha elección, aunque en ese entonces el periodista tuviera once años de edad.
Frente a la destrucción de la República democrática, la desbordada corrupción y la galopante impunidad, el régimen político se empeña en reescribir la historia reciente del país. El objetivo, desacreditar la pausa democrática que inició en 1997 y concluyó en 2018. Por eso había que encarcelar a Ernesto Ruffo, emblema del primer triunfo opositor en elección de gobernador. Por eso López Obrador y la presidenta Sheinbaum se empeñan en ver como conjura de los EU, la primera alternancia en la Presidencia de la República.
2018 será el inicio de la destrucción de la democracia. La militarización de la vida pública será la primera traición a la izquierda, y al país, la determinación de ofrecer abrazos al violento crimen organizado. El uso clientelar de los programas sociales nada tiene que ver con la democratización de la vida pública, al contrario. La exclusión de la pluralidad y de las oposiciones son la negación del proceso democratizador de la elección de 1988, como también será el acoso a la libertad de expresión. Lo que seguirá no guarda precedente: acabar con toda expresión de independencia y autonomía de órganos y poderes, así como la degradación del amparo y la ampliación de la prisión preventiva a través del golpe de Estado cuando el INE obsequió mayoría calificada a Morena, en violación al principio constitucional de que ninguna fuerza política pudiera cambiar al régimen democrático.
El escándalo del INE revela la descomposición del régimen político. La atención alude a lo visible, que es la corrupción, pero lo relevante está en el origen del problema: la concentración de poder. Ocurre en un muy mal momento, cuando la dirigente de Morena es señalada de connivencia con el crimen organizado en la elección de 2024 y cuando un viernes por la noche el secretario de Hacienda tiene que informar la disminución de los ingresos tributarios, revelación preocupante por sus efectos en la calificación crediticia. Por si fuera poco, esperar qué le depara al país después de la anunciada derrota de Trump mañana martes.

