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La Nueva Maquila: Por qué el auge de la IA no nos hace más soberanos

por Roberto Aurioles
29-10-2026

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México acaba de vivir un hito histórico que muy pocos han dimensionado en su justa medida. Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones de servidores y equipo de cómputo destinados a centros de datos de Inteligencia Artificial alcanzaron los 82,900 millones de dólares. Con un crecimiento del 172% anual, estos componentes desplazaron a la industria automotriz —el orgullo de nuestro comercio exterior durante décadas— como el principal producto de exportación del país.

A primera vista, suena a que México finalmente se subió al tren de la economía del futuro. Los políticos lo celebran, los titulares presumen de un nuevo “hub tecnológico” y las plantas en Guadalajara, Monterrey y Ciudad Juárez no dan abasto ensamblando los codiciados chips GB200 de Nvidia que alimentarán los proyectos de IA de Estados Unidos.

Pero detrás de la cifra récord se esconde una verdad incómoda que debería quitarnos el sueño: hemos cambiado la maquila de playeras por la maquila de servidores.

No estamos ante un desarrollo tecnológico endógeno; estamos ante la nueva plataforma de ensamble de la economía estadounidense. Los servidores que salen de nuestras fronteras están llenos de procesadores, memorias y tarjetas fabricadas en Taiwán, China, Corea y Malasia. México solo integra las piezas y las envía al norte. El 94% de estas exportaciones tienen un solo destino: Estados Unidos. Y lo que es peor, este auge no está generando empleo masivo; son plantas hiperautomatizadas donde un supervisor vigila a dos o tres operadores, no a veinte.

Mientras celebramos los dólares que cruzan la frontera, Estados Unidos está apretando las tuercas en la revisión del T-MEC. Washington exige nuevas reglas de origen para limitar el uso de componentes chinos y asegurar que el valor real se quede en Norteamérica. La paradoja es brutal: justo cuando nos piden depender menos de Asia, nuestro auge de IA nos está haciendo depender más de ella. El 90% de los semiconductores que consumimos provienen del continente asiático.

La verdadera soberanía tecnológica no se mide en dólares de ensamblaje, sino en la capacidad de diseñar, innovar y controlar la infraestructura crítica. Y ahí, México está en pañales. Para muestra, un botón: TSMC, el mayor fabricante de chips del mundo, decidió invertir 265 mil millones de dólares en Arizona y no en México. ¿La razón? No son los impuestos, sino la falta de ingenieros especializados, de agua y de electricidad firme.

El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha prometido multiplicar por 25 la producción de semiconductores en tres años. Suena a un plan ambicioso, pero sin talento ni energía, es solo otro buen deseo. La IA no se construye con discursos, se construye con cimientos.

México tiene una oportunidad histórica, pero corre el riesgo de conformarse con ser el taller de ensamblaje de la IA mientras otros se quedan con la propiedad intelectual y las ganancias reales. De nada sirve presumir que ensamblamos el futuro si no somos capaces de diseñarlo.

Roberto Aurioles