José
Luis Camacho Acevedo
El mandatario norteamericano
Donald Trump hizo un reconocimiento a la tarea que en materia de seguridad está
realizando la presidenta Claudia Sheinbaum, pero en su mismo discurso volvió a
reclamar al gobierno mexicano mayor acción contra los políticos que se presuma
estén ligados al crimen organizado.
Las fuentes más acreditadas
consignan lo expresado por el presidente de Estados Unidos, más o menos, en el
mismo tenor:
La petición
fue incluida en un documento publicado apenas ayer, 16 de septiembre, por el
gobierno estadounidense, en el que se analiza la situación de los principales
países relacionados con el tráfico y producción de drogas para 2027.
Entre las
principales exigencias están identificar, detener y llevar ante la justicia a
funcionarios públicos que hayan ayudado o encubierto a los cárteles.”
En el marco de los festejos patrios, cuyo éxito a lo largo de todo el país, propició que la aprobación popular a la presidenta Sheinbaum volviera a rebasar el 60%, el partido dominante, Morena, está celebrando la designación de sus abanderados, que en su momento serán candidatos a gobernadores de sus respectivas entidades.
En ese ejercicio partidista, donde queda claro que la presidenta Sheinbaum es, sin duda, el fiel de la balanza, está quedando dibujado un nuevo mapa geopolítico que dibuja apenas la capacidad de maniobra que aún tiene el ex presidente Andrés Manuel López Obrador para influir en las decisiones del movimiento que él mismo formó.
La
estrategia de Claudia Sheinbaum ha sido la de negociar, transigir lo necesario,
para no llegar a una confrontación con el ex mandatario, del que ya de deslindó
claramente, sea por el estilo de negociar los acuerdos comerciales con los
vecinos o por su prudencia de no ceder a peticiones sobre captura de políticos
que “hayan apoyado al crimen organizado” de no caer en un apresuramiento por
consolidar su relación con Trump, y lesionar a personajes umbilicalmente
ligados al político que hoy se encuentra refugiado en el sureste del país.
Los márgenes
de la presidenta de ninguna manera pueden considerarse tan amplios como asumir
una actitud de confrontación política con su antecesor.
Hasta la fecha van 10 precandidatos de Morena “destapados” por las dirigentes Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, ambas fueron secretarias de estado en el actual gobierno, lo que las ubica claramente del lado de la presidenta.
Un caso
“negociado” puede ser el nombramiento como coordinadora de Morena de Julieta
Ramírez en Baja California.
A Ramírez se le ubica como gente de la gobernadora Marina del Pilar Ávila, quien a su vez fue partidaria en su aspiración presidencial y que sigue siendo amiga del senador tabasqueño Adán Augusto López.
Otra posible
negociación la representa la designación de Verónica Díaz, ex familiar política
del actual mandatario David Monreal, que, según las encuestas con mayor
crédito, le daban un lejano segundo lugar en contra del que fue puntero Ulises
Mejía Haro.
Pero en los
casos de Michoacán, donde ganó un cercano a Omar García Harfuch como Carlos
Torres Piña, o Guerrero donde con el nombramiento de Beatriz Mojica que, en una
lectura a mediano plazo, es el principio del fin del cacicazgo de Félix Salgado
Macedonio.
En Querétaro
llega Santiago Nieto Castillo, un personaje que surge de la administración
pública y plenamente identificado con Sheinbaum.
En Quintana
Roo Gino Segura deja en el camino al lopezobradorista Rafael Mollinedo y en Aguascalientes
o Campeche los nominados se plegarán a la línea presidencial.
Por ello los
márgenes de la mandataria Sheinbaum son mucho más amplios que al inicio de su
mandato, pero de ninguna manera total.
Pero la
presidenta Sheinbaum dijo ayer que México no será nunca colonia ni protectorado
de nadie.
Muy claros
los mensajes presidenciales y también por demás explicables las negociaciones
en beneficio de la conducción política nacional, que se han dado a la hora de
designar sus procónsules que en su momento serán sus candidatos a gobernaras o
gobernadores.

