logo
header-add

Morena y el problema de controlar a sus propios rebeldes

por Karla Pulido
29-06-2026

Comparte en

Morena enfrenta un reto que tarde o temprano alcanzaría a cualquier partido dominante: controlar a sus propios aspirantes.
Porque una cosa es ganar elecciones desde la narrativa de la unidad, y otra muy distinta es administrar las ambiciones internas cuando hay demasiados perfiles que se sienten con derecho a competir.
Rumbo a los próximos procesos electorales, el partido en el poder comienza a mostrar señales de tensión en varios estados. Guerrero, Baja California, Michoacán, Sonora y Sinaloa aparecen ya como territorios donde la disputa interna podría ser más complicada que la competencia contra la oposición.
En Guerrero, el peso político de Félix Salgado Macedonio sigue siendo un factor que Morena no puede ignorar. Su influencia local mantiene viva una estructura propia, pero también representa un desafío para la dirigencia nacional: ¿hasta dónde permitir liderazgos regionales sin que terminen imponiendo condiciones?
En Baja California, las versiones sobre perfiles cercanos al grupo gobernante también abren otro frente. Cuando una candidatura carga con cuestionamientos públicos, el costo no solo lo paga la persona aspirante; lo termina pagando el partido completo.
En Michoacán, la figura de Raúl Morón vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para Morena: ¿premiar lealtades, repartir cuotas o apostar por perfiles competitivos?
Y en Sonora y Sinaloa, el dilema es todavía más delicado. Si las candidaturas terminan respondiendo a grupos incondicionales de liderazgos locales, el riesgo para Morena no será únicamente electoral, sino de narrativa. Porque un partido que llegó prometiendo combatir viejas prácticas no puede darse el lujo de parecer rehén de los mismos métodos.
El problema de Morena ya no es solamente enfrentar a la oposición. Su verdadero reto está adentro: contener ambiciones, ordenar grupos, evitar rupturas y decidir candidaturas sin que los inconformes terminen haciendo campaña en contra desde dentro.
La pregunta es simple: ¿Morena tiene todavía la capacidad de disciplinar a sus cuadros o está entrando en la etapa en la que cada liderazgo local quiere cobrar su factura?
Porque cuando un partido crece demasiado, también crecen sus conflictos.
Y hoy Morena tiene enfrente una prueba clave: demostrar si sigue siendo un movimiento ordenado desde el centro o si empieza a convertirse en una suma de tribus regionales peleando por el poder.
Porque la historia demuestra que los partidos rara vez pierden el poder únicamente por la fuerza de la oposición. Muchas veces comienzan a debilitarse cuando dejan de controlar sus propias divisiones. Y hoy, la gran pregunta es si Morena podrá administrar las ambiciones de sus aspirantes... o si serán esas mismas ambiciones las que terminen convirtiéndose en su mayor adversario.

Por Karla Pulido