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Mundial, patos y desaparecidos.

por Kiky
20-06-2026

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Por Cindy Pulido 

Mientras millones de personas siguen los resultados del Mundial, celebran goles y consumen sin pausa la narrativa festiva de un país anfitrión, otras historias desaparecen del espacio público porque han sido desplazadas. 
En los últimos días hemos visto cómo la conversación pública se concentra en anécdotas, personajes virales y episodios de entretenimiento político, mientras las demandas de colectivos de búsqueda, las denuncias de violencia o incluso agresiones contra actores políticos quedan relegadas a un segundo plano. 
Las recientes denuncias de agresión contra la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, ocurrieron en medio de un clima político polarizado y recibieron una cobertura fragmentada que rápidamente fue absorbida por otros temas de interés. Diversos medios documentaron los hechos y la posterior confrontación política alrededor del caso pero donde más se ha hablado es en redes sociales, ¿Por qué no cuestionar lo que se ha dicho respecto a su presunto abuso de autoridad?
Sin embargo, el fenómeno resulta aún más evidente cuando observamos lo ocurrido con los colectivos de madres buscadoras. Mientras México se presenta ante el mundo como sede de la Copa Mundial, colectivos de familiares de personas desaparecidas han denunciado obstáculos para visibilizar una crisis que supera las 130 mil personas desaparecidas. Sus protestas, lejos de ocupar el centro de la conversación nacional, han competido contra el espectáculo deportivo.
Aquí resulta útil pensar en el concepto de subjetividad necropolítica. Inspirado en las reflexiones del filósofo Achille Mbembe sobre la necropolítica, el término permite analizar cómo ciertas vidas son reconocidas socialmente como dignas de atención, duelo y protección, mientras otras son empujadas hacia la invisibilidad. 
La subjetividad necropolítica opera cuando la sociedad aprende a convivir con determinadas tragedias hasta volverlas paisaje. La desaparición de personas logra convertirse en un dato estadístico y los rostros de quienes faltan son sustituidos por patos virales, controversias pasajeras o episodios diseñados para que se olvide lo más importante.
El problema no es el fútbol. Tampoco es la existencia de contenidos en redes. Las sociedades necesitan espacios de recreación y eso no está en discusión, el problema es cuando el espectáculo termina funcionando como una cortina permanente que reorganiza nuestras prioridades morales. Cuando una fotografía de un pato en una conferencia gubernamental genera más conversación digital que una manifestación de madres buscadoras, no estamos ante una simple preferencia informativa; estamos frente a una jerarquía social de la atención.
Las madres buscadoras llevan años denunciando precisamente eso: la dificultad de mantener visibles a sus hijos desaparecidos en una esfera pública saturada por otros estímulos. Durante el Mundial, varios colectivos señalaron que las autoridades buscan proyectar una imagen internacional de modernidad y celebración mientras las demandas de verdad y justicia permanecen sin resolver.
La subjetividad necropolítica no requiere censura explícita. Funciona de manera más eficiente. Basta con inundar el espacio público de temas más atractivos, más ligeros o más rentables para los algoritmos. Lo urgente se convierte en ruido de fondo. Lo trágico pierde capacidad de conmover. Lo insoportable se normaliza.
Quizá la verdadera disputa de nuestro tiempo no sea únicamente por el poder político, sino por el derecho a ser vistos. 
En una sociedad donde la atención es un recurso escaso, aquello que desaparece de la conversación pública corre el riesgo de desaparecer también de la conciencia colectiva y en México, para miles de familias, la desaparición ya no es solamente la ausencia de un ser querido, es también la lucha permanente
contra el olvido.