José Luis Camacho Acevedo
Son varias razones de mucho peso las que sustentan nuestra afirmación de que Donald Trump, de ninguna manera, puede darse el lujo de tratar a México como lo hizo con Venezuela en su exitosa operación para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa. Y lo hizo en el preciso lugar en donde, apenas hacía unos días, un envalentonado dictador le espetó al líder norteamericano lo siguiente: “No sea cobarde. Venga por mí. Lo estoy esperando”.
Estados Unidos tiene una frontera con México de más de 3000 kilómetros, con toda la complejidad económica y migratoria que ello implica.
En nuestro país existen inversiones de los más importantes corporativos norteamericanos, provistos de una muy costosa infraestructura, que impiden a Donald Trump realizar una escalada (invasión) como la que ocurrió en Venezuela la madrugada del pasado sábado 3 de enero, por las afectaciones que haría a sus coterráneos que han tomado a México como su espacio más conveniente para invertir.
Independientemente de los factores mencionados, Estados Unidos negocia con México más del 80% de sus exportaciones. Y productores agrícolas, ganaderos, manufacturas de autopartes, o de artículos de alto consumo como ropa o electrodomésticos, cuidan sus intereses, con T-MEC o sin él, a la par de que están pendientes de que las relaciones con México no se descompongan y produzcan algun desequilibrio social.
La piedra en el zapato para nuestro país sigue siendo el señalamiento, casi cotidiano de Trump desde antes de la captura de Maduro, de que la mayor preocupación de su gobierno sigue siendo lo que él considera como la existencia de un narco gobierno en nuestro territorio.
Y el bravucón mandatario de Estados Unidos no se anda por las ramas cuando dice que esos son mensajes para que el actual gobierno de México, “haga algo suficiente para detener a los narcopolíticos.
2.- VOTOS OPORTUNISTAS DEL DESASTRE DEL INTEROCEÁNICO.
Las demandas que se han presentado para exigir, desde indemnizaciones para deudos de los fallecidos y reparación del daño a los que aún están hospitalizados, hasta que se impongan severos castigos a los responsables, directos e indirectos, de la tragedia sufrida por el Tren Interoceánico, desgraciadamente están sufriendo ya el oportunismo de los buitres disfrazados de activistas.
Partidos políticos que están a punto de desaparecer; organizaciones que aspiran a conseguir un registro que les permita obtener jugosas prerrogativas del INE y alguna que otra posición legislativa; o los taimados como Claudio X. González que han engañado a los electores disfrazándose de opositores e inventando figuras de oropel como fue el caso de Xóchitl Gálvez, son los que ahora están rondando a los familiares de las víctimas de la tragedia ocurrida en el Interoceánico.
No vaya a suceder como el caso de los padres de los normalistas de Ayotzinapa, cuya protesta solo sirvió para que medradores de las tragedias, se llenaran los bolsillos.

