Una declaración de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México abrió un debate que va mucho más allá del titular. Al proponer a los medios “bajarle a la nota roja” para modificar la percepción de inseguridad, la mandataria capitalina no dijo algo falso ni inventado. Lo dijo. El problema no es ese. El problema es lo que revela esa frase.Desde la teoría de la comunicación, es cierto que el tratamiento sensacionalista de la violencia puede distorsionar la percepción social, amplificar el miedo y normalizar escenarios de horror. Nadie discute que la nota roja, mal manejada, puede ser irresponsable. Ese debate es legítimo y necesario.Pero una cosa es discutir cómo se informa, y otra muy distinta es sugerir que informar menos puede ayudar a que el problema se perciba menor.En un país donde la inseguridad no es una estadística sino una experiencia cotidiana —en el transporte público, en las calles, en los hogares— hablar de “percepción” como si fuera el origen del problema resulta, cuando menos, desconectado de la realidad. La ciudadanía no siente miedo porque lee noticias; lee noticias porque vive con miedo.El mensaje implícito de esta postura es peligroso: si bajamos el volumen de la cobertura, el problema parece disminuir. Y eso no es comunicación estratégica, es maquillaje político.Además, coloca a los medios en una posición incómoda. ¿Hasta dónde informar se vuelve “exagerar”? ¿Quién decide qué nivel de violencia es publicable y cuál no? Cuando el poder sugiere moderar la narrativa en lugar de mostrar resultados, la línea entre comunicación institucional y control del discurso se vuelve alarmantemente delgada.No se trata de defender el amarillismo ni la explotación del dolor. Se trata de entender que la solución a la inseguridad no pasa por cambiar el relato, sino por cambiar la realidad. La percepción mejora cuando hay resultados, no cuando se pide silencio.Las víctimas no necesitan que “se le baje” a la nota. Necesitan justicia.La ciudadanía no necesita menos información. Necesita más seguridad.Y ahí está el verdadero reto.

