Más de cinco siglos después de la caída de México-Tenochtitlan, la conquista española sigue siendo uno de los capítulos más incómodos, politizados y emocionalmente vigentes en la historia de México. El debate resurgió con fuerza en 2019, cuando el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador solicitó formalmente a la Corona española una disculpa pública por los abusos, crímenes y agravios cometidos durante la conquista y el periodo colonial.
La petición, enviada en marzo de aquel año al rey Felipe VI, dividió opiniones en México y España. Para algunos fue un gesto simbólico sin efectos prácticos; para otros, una exigencia históricamente legítima frente a siglos de silencios institucionales.
La discusión volvió a tomar fuerza tras recientes expresiones de figuras políticas españolas que reivindican la figura de Hernán Cortés, protagonista de la caída del imperio mexica y uno de los personajes más controvertidos de la historia de América.
Cortés, entre la gloria imperial y los juicios de su tiempo
Más allá del relato heroico que durante siglos promovió buena parte de la historiografía colonial, documentos de la propia monarquía española muestran que la conducta de Cortés también fue cuestionada en su época.
Durante el reinado de Carlos I de España, el conquistador fue sometido a un juicio de residencia, mecanismo legal utilizado por la Corona para investigar abusos cometidos por funcionarios y militares en ultramar.
Los expedientes incluyeron acusaciones relacionadas con abuso de poder, apropiación indebida de bienes, violencia extrema y trato brutal hacia poblaciones indígenas.
Cuauhtémoc, símbolo de resistencia
En el otro extremo de esa historia permanece Cuauhtémoc, figura que en la memoria mexicana representa resistencia frente al despojo.
Tras la caída de Tenochtitlan en 1521, Cuauhtémoc fue capturado por las tropas de Cortés. Cronistas de la época documentaron que fue sometido a tortura para intentar obtener información sobre supuestos tesoros del imperio mexica.
Años más tarde, durante la expedición a las Hibueras —actual territorio de Honduras—, Cortés ordenó su ejecución en 1525.
Hoy, la figura del último tlatoani sigue presente en el imaginario nacional, desde el Monumento a Cuauhtémoc hasta libros escolares, discursos políticos y debates públicos sobre identidad y soberanía histórica.
Las voces que denunciaron la barbarie
Lo notable es que algunas de las primeras denuncias contra los abusos de la conquista no surgieron de enemigos de España, sino desde sectores del propio clero español.
Antonio de Montesinos, desde la isla La Española, pronunció en 1511 uno de los sermones más duros contra el trato a los pueblos originarios.
Poco después, Bartolomé de las Casas documentó en su obra Brevísima relación de la destrucción de las Indias matanzas, esclavitud y devastación sistemática en los territorios conquistados.
Sus denuncias influyeron en el pensamiento de Francisco de Vitoria, considerado uno de los padres del derecho internacional moderno, cuyas ideas ayudaron a impulsar las Leyes Nuevas de 1542, que limitaron la esclavitud indígena dentro del imperio español.
Un debate que sigue abierto
En pleno siglo XXI, la figura de Cortés continúa generando divisiones: para algunos, un estratega militar y fundador del México colonial; para otros, símbolo del saqueo, la violencia y la destrucción cultural.
Lo mismo ocurre con Cuauhtémoc, convertido no solo en personaje histórico, sino en emblema de resistencia frente a cualquier forma de dominación externa.
Cinco siglos después, la discusión ya no se limita a archivos o academias. También se juega en el terreno político, cultural y simbólico de un país que sigue preguntándose cómo mirar su pasado sin renunciar a nombrar sus heridas.

