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El legado pendiente después del Mundial

por Karla Pulido
15-06-2026

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El Mundial ya comenzó. México volvió a aparecer ante los ojos del mundo entre ceremonias, estadios llenos, espectáculos, turismo y discursos oficiales que presumieron una ciudad “lista” para recibir el evento deportivo más importante del planeta.
Pero una vez pasada la euforia de la inauguración, también vale la pena hacerse una pregunta incómoda: después de miles de millones invertidos en remodelaciones, infraestructura y proyectos mundialistas… ¿qué cambió realmente para los ciudadanos?
Porque sí, hubo obras. Se rehabilitaron vialidades, estaciones de transporte, espacios públicos y zonas turísticas. Durante meses se habló de modernización, movilidad y transformación urbana como parte del supuesto legado que dejaría el Mundial para la capital y para el país.
Sin embargo, en el fondo, muchos de los problemas más graves siguen exactamente donde estaban.
Las lluvias continúan evidenciando una ciudad vulnerable. Basta una tormenta para que vuelvan las inundaciones, los encharcamientos, el colapso vial y el caos cotidiano que millones de personas enfrentan todos los años. El problema nunca fue solamente pintar banquetas o inaugurar proyectos de último minuto; el problema siempre fue la falta de infraestructura de fondo.
La inseguridad tampoco desapareció con la llegada del Mundial. Mientras las cámaras internacionales enfocan estadios y zonas turísticas, millones de mexicanos siguen viviendo con miedo, enfrentando robos, violencia y una crisis de seguridad que permanece lejos de resolverse.
Y quizá el contraste más doloroso siga siendo el de las madres buscadoras. Porque mientras el país celebra partidos y presume modernidad ante el mundo, ellas continúan buscando a sus hijos desaparecidos con sus propios recursos, recorriendo carreteras, terrenos y fosas clandestinas ante la ausencia de respuestas reales.
Ese México también existe, aunque pocas veces aparezca en las transmisiones oficiales.
Y mientras el gobierno presume éxito internacional con estadios llenos y ceremonias impecables, la presión exterior sobre México también sigue creciendo. Desde Estados Unidos, Donald Trump ha vuelto a endurecer su discurso contra el país con amenazas comerciales, presiones alrededor del T-MEC y señalamientos relacionados con seguridad y narcotráfico. A ello se suma que recientemente el nuevo encargado de inteligencia estadounidense advirtió sobre el crecimiento de una lista de presuntos narcopolíticos mexicanos bajo observación. Un contraste incómodo: mientras México intenta proyectar estabilidad y modernidad ante el mundo, las dudas sobre la seguridad, la corrupción y la gobernabilidad siguen creciendo tanto fuera como dentro del país.
El problema nunca fue recibir un Mundial. México tiene experiencia, infraestructura y capacidad para albergar eventos internacionales de gran magnitud. El verdadero debate es si todo ese gasto público realmente se tradujo en una mejor calidad de vida para quienes habitan esta ciudad todos los días.
Porque después de la inauguración, las preguntas siguen ahí.
¿Cambió realmente la movilidad para los ciudadanos o solamente se maquillaron ciertas zonas para la foto internacional? ¿Se resolvieron los problemas estructurales de transporte, drenaje e inseguridad? ¿O simplemente se construyó una imagen temporal mientras los problemas de fondo continúan creciendo?
Porque al final, cuando termine el Mundial y se apaguen los reflectores, México seguirá teniendo las mismas heridas abiertas: madres buscando hijos desaparecidos, ciudadanos atrapados entre inundaciones, transporte colapsado y una inseguridad que no se tapa con ceremonias ni espectáculos.
Y entonces quedará la duda más incómoda de todas: si el verdadero objetivo era transformar la vida de la gente, quizá el Mundial terminó siendo mucho más exitoso como escaparate internacional… que como solución para el país real que millones de mexicanos enfrentan todos los días.