La próxima presidencia del Senado no se resolverá únicamente contando votos. También pesarán los acuerdos con Palacio Nacional, la posición de la coordinación parlamentaria, los aliados y, por supuesto, las cuentas pendientes dentro de Morena.
En esa partida, Higinio Martínez tiene cartas.
Conoce a la bancada, mantiene presencia política en el Estado de México y sabe cómo se mueven las estructuras del partido. No es un legislador de temporada. Lleva décadas formando cuadros, operando elecciones y construyendo acuerdos. Unas veces le ha ido bien. Otras no tanto.
Y ahí está una de sus fortalezas.
Higinio ha competido por candidaturas importantes, ha aceptado decisiones que no lo favorecieron y se ha quedado dentro del movimiento. En Morena, donde una nominación puede dejar heridos durante años, saber procesar una derrota vale casi tanto como ganar.
La Mesa Directiva necesitará algo más que lealtad. Habrá que conocer la ley, medir los tiempos, escuchar a la oposición y mantener unida a una mayoría que no siempre piensa ni vota igual.
No se trata de entregar el Senado al llamado Grupo Texcoco. Tampoco de saldar una deuda con Higinio.
Se trata de aprovechar a un político que conoce el territorio, el partido y la institución. Morena tendrá que decidir si eso le sirve. Y cuánto.

