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¿La CNTE perdió más que una negociación?

por Karla Pulido
22-06-2026

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Hay momentos en política donde una negociación termina revelando mucho más de lo que pretendía resolver. Lo ocurrido en las últimas semanas entre el gobierno federal y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) parece ser uno de esos casos.
Durante días, la amenaza de marchas, bloqueos y movilizaciones en plena temporada mundialista colocó a la organización magisterial nuevamente en el centro de la conversación pública. Sin embargo, el desenlace dejó una lectura política difícil de ignorar.
Por un lado, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, logró desactivar un conflicto que amenazaba con generar costos políticos y de imagen para el país en un momento de alta exposición internacional. Las movilizaciones se redujeron, los plantones perdieron fuerza y el escenario de confrontación que algunos anticipaban simplemente no ocurrió.
Pero quizá el efecto más relevante no fue operativo, sino narrativo.
La CNTE ha construido históricamente su identidad alrededor de la resistencia, la movilización social y la defensa de causas que, según su propio discurso, están por encima de cualquier interés económico. Sin embargo, cuando una negociación termina centrándose principalmente en recursos, prestaciones y beneficios presupuestales, inevitablemente surge una pregunta incómoda: ¿qué tanto de la lucha responde a principios y qué tanto a incentivos?
Esa percepción pública puede resultar más costosa que cualquier derrota en la mesa de negociación. Porque mientras el gobierno presume capacidad de diálogo y gobernabilidad, la Coordinadora enfrenta ahora el reto de explicar por qué una movilización presentada como una batalla por derechos terminó resolviéndose a través de acuerdos económicos.
La política suele ser cruel con las contradicciones. Y en esta ocasión, más allá de quién ganó o perdió recursos, el saldo parece haber dejado una imagen compleja para la CNTE: la de una organización que mostró capacidad de presión, sí, pero también vulnerabilidad frente a aquello que durante años aseguró combatir.
Al final, el gobierno evitó una crisis durante el Mundial. Pero la verdadera discusión no está en las calles que no se bloquearon, sino en la percepción que quedó instalada: que los ideales son más sólidos cuando resisten la negociación y más frágiles cuando terminan teniendo precio.
Porque en política, a veces no basta con obtener algo en la mesa; también importa cuánto se pierde en el camino.