Hay historias que empiezan en una elección y terminan en una comisaría. El cuento de horror latinoamericano (y desafortunadamente real) que nos compete el día de hoy, es una de ellas y es que hablamos precisamente de Fernando Cerimedo.
El estratega argentino, vinculado con campañas de la nueva derecha latinoamericana y fundador de La Derecha Diario, fue detenido en Bolivia después del ataque contra su expareja, Nadia Beller, quien sobrevivió a los disparos y posteriormente comenzó a revelar información sobre las actividades políticas de Cerimedo.
Lo que parecía un crimen destinado a borrar una huella terminó dejando al descubierto un camino mucho más oscuro. Una de esas ironías que pocas veces ofrece la política: la mujer que, según su propio testimonio, sobrevivió al ataque terminó abriendo la puerta hacia una operación política que podría ir mucho más allá de una sola persona.
Beller afirmó que Cerimedo pretendía intervenir en las próximas elecciones mexicanas y que hablaba de “reventarlas” debido a su odio hacia la presidenta Claudia Sheinbaum…
México no tiene elecciones locales cualquiera en 2027. El Instituto Nacional Electoral contempla la renovación de 17 gubernaturas, además de la Cámara de Diputados y miles de cargos locales. Entre los estados que elegirán gobernador están Aguascalientes, Nuevo León y Querétaro.
Es decir: si alguien quisiera intervenir en la conversación pública mexicana, 2027 sería un momento particularmente atractivo, pero contextualizando la situación, aquí es donde debemos entender qué son realmente las granjas de bots.
Un bot es una cuenta automatizada, es decir, un usuario falso que interactúa haciéndose pasar por alguien real. Luego entonces, una granja es una cantidad gigante de estos usuarios fantasma y puede operar desde servidores o mediante múltiples dispositivos y utilizar cientos o miles de cuentas coordinadas para publicar, replicar o amplificar determinados mensajes. El objetivo no necesariamente es convencer directamente a una persona: es fabricar la sensación de que una idea ya es popular.
El mecanismo es muy sencillo y, al mismo tiempo, se torna peligroso, porque una cuenta publica algo; otras cuentas lo repiten, después llegan influencers (a veces incluso pagados y de eso el PV tiene una historia reciente), páginas, portales o usuarios reales; el algoritmo detecta actividad y comienza a mostrar el contenido a más personas. Finalmente, se busca que la sociedad termine pensando: “Si el río suena, es porque trae piedras”.
La Fiscalía boliviana informó del hallazgo de una “mini granja de bots” durante los allanamientos relacionados con el consultor. Entonces viene la pregunta que inevitablemente debemos hacernos:
¿Pueden los bots intervenir en las elecciones de 2027?
Respuesta corta: Sí.
¿Pueden por sí solos decidir quién gana una gubernatura?
No necesariamente.
Un ejército de cuentas falsas no deposita una sola boleta en una urna, recordemos la famosa frase del expresidente López Obrador “Los Bots no Votan”. Y es que estas cuentas automatizadas no sustituyen una estructura territorial, un candidato, una campaña, una crisis económica ni el comportamiento de los electores, pero sí puede modificar el terreno sobre el cual todos estos factores operan.
Puede, por ejemplo, ayudar a instalar una mentira; o bien, puede convertir una acusación en tendencia; puede atacar a un candidato, un partido, una idea; puede fabricar la percepción de que alguien es imparable, increíble o de que otro candidato está acabado; puede polarizar una conversación hasta hacer prácticamente imposible discutir los problemas reales y eso es precisamente lo que deberíamos vigilar rumbo a 2027. México podría convertirse en el siguiente gran objetivo de esta batalla digital.
En América Latina ya hemos visto cómo distintas derechas han avanzado electoralmente en países como Argentina, Ecuador, Chile o Bolivia, mientras otros gobiernos mantienen posiciones distintas frente a Washington. El tablero regional está cambiando y México ocupa una posición particularmente relevante.
La caída de las interacciones.
En algunas páginas y espacios identificados con la derecha mexicana se observa una pérdida de capacidad para generar conversación orgánica. El fenómeno también debería analizarse en páginas que durante años tuvieron enorme capacidad de convocatoria y amplificación, como las asociadas a Ricardo Salinas Pliego.
Y es que, a ver, el que una publicación tenga menos comentarios, menos compartidos o menos interacciones no demuestra por sí mismo que exista una granja de bots ni que ésta haya desaparecido, porque las plataformas cambian sus algoritmos, las audiencias migran y las tendencias se modifican, pero sí nos obliga a preguntarnos lo siguiente
¿Cuánto de lo que vemos en redes representa realmente a la sociedad y cuánto representa a quienes tienen la capacidad económica o tecnológica para amplificarlo?
Se trata de problematizar una conversación pública que puede ser manipulada y por eso también tenemos que dejar de creer que todo aquello que aparece miles de veces en X, Facebook, TikTok o cualquier otra plataforma necesariamente representa una mayoría.
Ni todo hashtag viral es opinión pública ni toda idea que no nos gusta es producto de bots.
La única defensa real frente a una operación de propaganda digital es recuperar algo que parece cada vez más revolucionario: el criterio propio.
Siempre preguntar quién publicó, de dónde salió el dato, quién lo financia, quién lo replica, qué evidencia existe, qué dicen otras fuentes. Tenemos acceso a tantas fuentes de información que, como ciudadanos, nuestra responsabilidad es preguntarnos si estamos reaccionando porque la información es verdadera o porque está diseñada para provocarnos.
Cerimedo cayó por una historia personal que recién empieza y debe ser esclarecida por la justicia boliviana. Pero la información revelada a partir de ese caso ya abrió otra discusión: ¿quién está intentando moldear la conversación política latinoamericana desde las redes?
Y si realmente existen operadores interesados en “reventar” elecciones, México debería empezar a mirar hacia 2027 no solamente con encuestas y candidatos sino también debería mirar hacia las pantallas.
Porque una elección se gana con votos, pero aparentemente desde mucho antes de llegar a las votaciones, parece ser que alguien busca intentar ganar la conversación.

