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Los nuevos partidos y el verdadero mensaje del hartazgo ciudadano

por Karla Pulido
26-06-2026

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Con el registro de Somos México y PAZ, México suma dos nuevos partidos políticos rumbo a 2027. En el papel representan nuevas opciones. En los hechos, muchos ciudadanos ven algo distinto: el regreso de los mismos actores con un nuevo logotipo.
No basta con cambiar de nombre o de colores. La ciudadanía ha visto demasiadas veces cómo personajes que militaron en distintos partidos vuelven a aparecer bajo nuevas siglas mientras el financiamiento público sigue llegando y los resultados siguen sin convencer.
Por eso la discusión ya no debería centrarse únicamente en cuántos partidos tiene México, sino en qué tan capaces son de representar a una sociedad que cada vez desconfía más de la política tradicional.
Y aquí aparece un fenómeno que vale la pena analizar: Ricardo Salinas Pliego.
El debate no es Ricardo Salinas Pliego. El verdadero debate es por qué un empresario genera hoy más expectativa como posible candidato presidencial que muchos políticos con décadas de trayectoria.
Las encuestas que lo mencionan como una figura competitiva no necesariamente hablan de un respaldo absoluto a su persona. Hablan, sobre todo, del enorme desgaste de los partidos políticos.
Algo parecido ocurrió en Estados Unidos con Donald Trump. Más allá de la opinión que cada quien tenga sobre él, logró capitalizar el desencanto de millones de ciudadanos que sentían que la clase política había dejado de representarlos.
En México empieza a percibirse una señal similar. Cuando una parte de la sociedad comienza a mirar fuera del sistema de partidos para buscar liderazgos, el mensaje para la clase política es contundente.
No porque un empresario sea, por definición, la mejor opción. Sino porque los partidos han dejado un vacío de confianza que alguien más está ocupando.
El verdadero riesgo para los partidos no es que Ricardo Salinas Pliego aparezca en las encuestas. El verdadero riesgo es que los ciudadanos ya no crean en ellos.
Porque el hartazgo también vota. Y cuando el hartazgo vota, muchas veces no elige al candidato perfecto; elige a quien considera más distante del sistema que lo d
ecepcionó.