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México y la DEA, desconfianza mutua entre socios

por Armando Guzmán
19-08-2026

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Por Armando Guzmán

La reunión anual de la DEA, la agencia antidrogas de Estados Unidos cumplió 40 años.  Esta conferencia se está realizando Buenos Aires en la capital argentina y eso no fue ni azar ni casualidad. El presidente Javier Milei quiere montar una cruzada continental de derecha contra los carteles, obviamente apadrinado desde Washington por el presidente Trump. 

La realidad es que es un mensaje político disfrazado de conferencia: “Los que sí enfrentamos al narco somos nosotros, la derecha del Continente.  Los que consienten a los narcos son los gobiernos izquierdistas: Y les voy a decir, hay que reconocer que la DEA llegó con músculo: 600 funcionarios, más de 100 delegados de 100 países. Es una demostración de fuerza, la verdad es casi una alineación militar.

Y esta vez traen dinamita: 

Quieren Exhibir a los funcionarios que protegen a los carteles desde dentro de los gobiernos. Los cómplices, los que firman, los que callan, los que venden su lealtad.  Los que traicionan a sus países y luego hipócritamente hablan de que la DEA es el diablo que quiere atacar políticamente a sus gobiernos y sus partidos politicos.

¿Y sabes porque lo hacen?  Porque hay mucha gente que se los cree.  Ve los comentarios que hay sobre esta conferencia… Hay muchos que confundidos-

- ¡hasta defienden a los carteles como expresiones soberanas!  

Hay gente que defiende a los carteles más que lo que defienden a la selección nacional.

En México desafortunadamente esto de la protección desde los gobiernos de todo nivel al tráfico de drogas, no es novedad, ¡es tradición! 

Décadas de complicidad oficial… y ahora peor: 

Los carteles ya financian campañas políticas en México y en el continente. Brasil es el ejemplo que nadie quiere mencionar.

Ahora... la realidad es que ningún país está blindado contra el narcotráfico, ninguno. 

Y mucho menos puede pelear solo una guerra que ya es global. 

El Gobierno de Donald Trump lo dijo sin rodeos: o hay cooperación internacional real, o los cárteles seguirán ganando terreno.

Con México, las diferencias siguen ahí… clavadas como espinas. Washington insiste —y seguirá insistiendo— en que sus Fuerzas Armadas deben poder operar en territorio mexicano. 

Nada ha movido esa postura. Y mientras eso no ocurra, y mientras acusados de narcotráfico como el gobernador de Sinaloa no sean entregados a la justicia estadounidense, la desconfianza entre Washington y el gobierno mexicano seguirá creciendo como moho en pared húmeda.

Por eso el embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, subrayó que Washington “trabaja codo a codo con la Argentina y los países democráticos frente a los carteles, redes criminales y terroristas”. La frase no es diplomacia: es un mensaje. México no está en esa lista.

El jefe de la DEA, Terry Cole, elogió la cooperación argentina y pidió ampliarla a una escala mayor para enfrentar a las organizaciones criminales. Porque al final, los países no solo sufren el tráfico de drogas y la inseguridad que arrastra… sino la corrupción, el lavado de dinero y toda la fauna criminal que se reproduce alrededor del negocio.

Y por eso México sangra más que nadie.

Curiosamente, esta conferencia se realizó a puerta cerrada. Sin prensa. Sin cámaras. Sin testigos incómodos. Lo hicieron para que los cortocircuitos diplomáticos se quedaran adentro y no se ventilaran públicamente. Y vaya que había motivos: representantes de diez países, muchos con visiones que chocan como trenes.

Terrance Cole, el administrador de la DEA, intentó suavizar el choque con México al llamar “socio de confianza” al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. Pero la realidad es otra: Argentina no tiene nada que suavizar con Estados Unidos. Ahí ya existe una sociedad más sólida que la que Washington tiene con México.

Hay un convenio militar bilateral firmado por cinco años y un acuerdo para patrullar juntos el Atlántico Sur. 

Además, Milei se ha convertido en uno de los grandes defensores del Escudo de las Américas, la iniciativa lanzada en marzo por Trump junto a gobiernos latinoamericanos afines para combatir el narcotráfico, frenar la inmigración irregular y reducir la influencia de China en la región.

Desde la Casa Rosada y el Ministerio de Seguridad argentino marcaron distancia con los gobiernos anteriores, acusándolos de negar “el problema del narcotráfico”. Los datos los respaldan: según el Fondo de Investigación de Inteligencia Financiera, entre enero de 2024 y mediados de este año, las fuerzas federales decomisaron casi 15,000 kilos de clorhidrato de cocaína en operativos de gran escala. Argentina se consolida como corredor de tránsito y distribución, con rutas que tienen un origen dominante: Bolivia.

En una intervención distinta a todas, la ministra de Seguridad argentina, Alejandra Monteoliva, puso el dedo en la llaga: “El crimen organizado es uno de los grandes males del siglo XXI. Es imposible pensar el crecimiento y el desarrollo por fuera de la seguridad”.

Esa es una lección que México todavía se niega a aprender. Porque el desarrollo de un país —y de su gente— vale infinitamente más que proteger a funcionarios corruptos que protegen a los narcos.