Cosas de las que hay que hablar
Por Armando Guzmán
El anuncio cayó como un balde de agua fría en muchos rincones de Washington: Stephen Miller será el nuevo Chief of Staff de la Casa Blanca en 2026, en sustitución de Susie Wiles.
El Chief of Staff no es el jefe del Gabinete; ese cargo corresponde al presidente. El Chief of Staff es el jefe del personal de la Casa Blanca y el coordinador de la Oficina de la Presidencia.
No me malinterpreten: el Chief of Staff en el gobierno estadounidense tiene una influencia y un poder enormes, porque además de coordinar quién entra a la Oficina Oval, controla el flujo de documentos que llegan a las manos del presidente. Sin embargo, ni coordina ni controla al gabinete.
Por eso, México, prepárate, porque la llegada de Miller significará un endurecimiento drástico, directo y de máxima presión en la relación bilateral con Estados Unidos.
Hoy tengo que recordarles que Stephen Miller es el arquitecto de la línea dura en materia migratoria. Este hombre es conocido, y temido, por ser el principal autor de las políticas anti migratorias más severas de Trump.
Miller es considerado el padre de las deportaciones masivas.
Es señalado como responsable de impulsar deportaciones a gran escala.
Ha promovido las redadas del ICE y el uso de medidas de fuerza contra inmigrantes o contra quienes interfieran en dichos operativos.
Durante la primera presidencia de Trump, Miller fue uno de los principales impulsores de la política de separación de familias inmigrantes.
Este ascenso al puesto de mayor confianza operativa dentro de la Casa Blanca augura una vigilancia férrea y exigencias diarias extremas hacia el gobierno mexicano para frenar el flujo migratorio.
La postura agresiva contra los cárteles y contra el sistema político mexicano no nació en la mente de Trump; nació en la mente de Miller.
Miller ha sido uno de los principales promotores de declarar a los cárteles de la droga como organizaciones terroristas.
También ha sido quien, desde el inicio de la segunda presidencia de Trump, equiparó al crimen organizado mexicano con ISIS y Al Qaeda.
Mientras ha existido oposición dentro del gobierno de Trump a llevar las operaciones contra los cárteles a un extremo militar, Miller ha insistido en la posibilidad de ataques y acciones militares unilaterales por parte de Estados Unidos dentro del territorio mexicano.
Ha sido Miller también quien ha criticado pública y abiertamente al sistema político y judicial de México.
Este nombramiento es un mensaje político tanto interno como externo.
Todo lo anterior permite prever que, para el gobierno de México, esto se traducirá en una relación menos diplomática, con mayor confrontación discursiva y con amenazas constantes de aranceles, sanciones y medidas de seguridad fronteriza militarizada.
Hay que tener en cuenta que este relevo ocurre tras los reveses electorales sufridos por los republicanos en las elecciones de medio término.
Esto indica claramente que Trump no moderará su agenda, sino que apostará por un núcleo duro y sin concesiones.
Para Washington, la elección de un Chief of Staff con un perfil marcadamente ideológico y una trayectoria de confrontación directa constituye una señal clara de la estrategia presidencial para los próximos dos años del mandato de Donald Trump.
Con este nombramiento, Donald Trump ha dejado claro que la agenda de su gobierno será combativa.
Desde esta perspectiva, colocar a una figura conocida por su firmeza en temas clave de política exterior, como la inmigración, y en asuntos internos, como la reforma del aparato estatal, sugiere que Trump ha decidido priorizar, durante el resto de su mandato, un gobierno basado en decretos y acciones unilaterales.
Trump considera, evidentemente, que la vía legislativa tradicional estará bloqueada por la oposición demócrata.
El nuevo Chief of Staff de Trump es un combatiente que, por fuera, vestirá saco y corbata, pero que por dentro estará blindado con una coraza de hierro lista para combate.
Este nombramiento también nos dice que Trump está consolidando un control interno férreo.
Los analistas de esta corriente sostienen que un Chief of Staff leal y con experiencia previa en el ala más dura de la administración tendrá la misión de blindar la Casa Blanca frente a las presiones externas del Congreso.
El personal de la Casa Blanca deberá anticipar una disciplina estricta dentro del equipo gubernamental para resistir investigaciones parlamentarias o intentos de supervisión.
Trump nos ha dicho que una de sus técnicas de negociación consiste también en engañar al oponente, lo que en el póker llamamos bluff.
Por esa razón, hay quienes en Washington interpretan estos movimientos desde una óptica más pragmática o táctica.
Lo que estas personas argumentan es que esta representa una posición inicial de negociación.
La táctica consiste en proyectar una imagen de máxima resistencia y combatividad al comienzo, sin excluir necesariamente la posibilidad de acuerdos futuros.
Esta sería la ya conocida estrategia de Trump: colocarse en una posición de fuerza absoluta en asuntos críticos, como el presupuesto o el techo de la deuda, donde la Casa Blanca y el Congreso están obligados a entenderse.
También podría tratarse de un mensaje dirigido a su base electoral.
Históricamente, en Estados Unidos, este tipo de nombramientos también busca enviar una señal de firmeza a los votantes y simpatizantes del presidente.
Trump quiere demostrar que sigue siendo fiel a sus promesas de campaña, independientemente de la composición o de las mayorías en el Congreso.
En la práctica política estadounidense, las relaciones entre una Casa Blanca y un Congreso controlado por la oposición suelen alternar entre períodos de intensa confrontación pública, batallas legales detrás de escena y momentos de negociación pragmática.
El último punto que quiero compartirles es que, desde ayer, existen voces demócratas dentro del próximo Congreso que están listas para emitir citatorios que podrían abrir la puerta a procesos de juicio político, lo que aquí conocemos como “Impeachment”.
Entre esos citatorios podrían figurar Pete Hegseth, secretario de Guerra; Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud; y los hijos del presidente.
Sin embargo, puedo garantizarles desde hoy que uno de los primeros objetivos políticos de esa ofensiva dura será, precisamente, nuestro viejo conocido: Stephen Miller.

