Las apuestas deportivas se han convertido en una de las vías preferidas del crimen organizado para lavar dinero, y el Mundial 2026 no es la excepción: la magnitud del evento lo convierte en un escenario ideal para transformar recursos ilícitos en dinero aparentemente legal.
El esquema de los grupos criminales ya no se limita a las casas de apuestas tradicionales, que en su mayoría operan bajo regulación y exigen la verificación de identidad. Ahora, las organizaciones delictivas dirigen su atención a los mercados de predicción, plataformas donde los usuarios realizan apuestas deportivas y de otro tipo entre sí mediante criptomonedas.
Esta alternativa carece de regulación en varios países, incluido México, y ofrece un vacío legal que favorece al crimen organizado: el anonimato.

