José Luis Camacho Acevedo
Los mensajes
emitidos por importantes departamentos de Estados Unidos en el sentido de que,
si México no hace la tarea en relación al combate al narcotráfico, con todos
sus actores implicados, ellos vendrían a cumplir esa misión.
Para Estados
Unidos el fentanilo es un arma mortal, como si fuera un virus tan peligroso
como el Antrax, por citar solo un caso por demás emblemático, y que por lo
tanto los carteles mexicanos que controlan la distribución de la droga y los
políticos que los protegen, y en ocasiones se ha comprobado que son parte de
ellos.
Para la
DEA y demás instituciones que participan en los acuerdos bilaterales en la
lucha contra el narcotráfico, no ha sido suficiente la renuncia de Rubén Rocha
Moya y 8 de sus principales colaboradores incluido el alcalde de Culiacán, sino
que esperan que se les entregue al denunciado, cuya ubicación, según se dijo en
la mañanera de ayer, sigue siendo el estado de Sinaloa, y que hoy Omar García
Harfuch dará detalles de la ubicación de Rocha Moya.
La presidenta Sheinbaum
declaró que la posibilidad de agentes norteamericanos entraran a México a
detener a los señalados como narco políticos, es algo inadmisible.
Pero en Estados Unidos la ecuación es diferente.
2.- VIOLENCIA EN
TLAXCALA, DICE ALEX GÓMEZ.
La violencia electoral en México ya
no puede entenderse únicamente desde lo físico, es porque ha encontrado en el
entorno digital un terreno mucho más eficiente, más barato y, sobre todo, más
difícil de rastrear.
La plaza pública ya no es solo la
calle ni el territorio; es la pantalla. Y en esa arena, la disputa política ha
dejado de ser un intercambio de ideas para convertirse, cada vez más, en una
operación sistemática de desgaste, manipulación y aniquilación reputacional.
En los últimos procesos electorales
en México, organizaciones como Artículo 19 han documentado un incremento
sostenido en agresiones digitales contra periodistas, candidatos y figuras
públicas, muchas de ellas con componentes de género, desinformación coordinada
y campañas de odio amplificadas artificialmente.
Y que conste que no estoy
mencionando las locales y recientes como la detención arbitraria en
Yauhquemehcan de un camarógrafo o de la agresión a un reportero en Contla,
entre otras.
Lo preocupante no es únicamente la
existencia de estas campañas, sino su grado de sofisticación, hoy no
hablamos solo de “bots” rudimentarios, sino de estructuras organizadas
capaces de posicionar tendencias, fabricar narrativas y sostener ataques
durante días o semanas, generando la ilusión de consenso social.
La percepción pública, en
consecuencia, deja de construirse de forma orgánica y comienza a responder a
dinámicas inducidas.
En estados como Tlaxcala, donde la
escala del electorado es menor y las redes de influencia son más cerradas, el
impacto de esta violencia digital puede ser aún más profundo.

