Por Karla Pulido
Durante mucho tiempo, la relación de México con Estados Unidos se ha contado desde una lógica de dependencia. Pero quizá llegó el momento de cambiar la pregunta: no cuánto necesita México a Estados Unidos, sino cuánto necesita Norteamérica a México.
Hoy nuestro país ocupa una posición estratégica difícil de sustituir. México es uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos, forma parte de cadenas productivas profundamente integradas en sectores como automotriz, electrónica, dispositivos médicos y manufactura, y además comparte con Washington una frontera de más de tres mil kilómetros. En 2025, el intercambio de bienes y servicios entre ambos países rondó los 964 mil millones de dólares.
Pero la ecuación ya no es solamente México-Estados Unidos. Es México, Estados Unidos y Canadá tratando de definir qué tipo de bloque económico quieren construir frente a una competencia global cada vez más dura.
Y ahí México tiene una oportunidad histórica.
La revisión del T-MEC ya puso sobre la mesa temas como reglas de origen, acero, aluminio, industria automotriz, agricultura y, sobre todo, seguridad económica y fortalecimiento de las cadenas regionales. Washington está buscando reducir dependencias externas y producir más dentro de Norteamérica.
Canadá, por su parte, también está fortaleciendo su relación estratégica con México. Ambos países acordaron profundizar cooperación en comercio, inversión, energía, recursos naturales, seguridad y cadenas de suministro, con la intención explícita de hacer de Norteamérica una región más competitiva.
Por eso México debe jugar con inteligencia.
No desde la confrontación, pero tampoco desde la subordinación.
Nuestro país puede convertirse en el puente industrial, logístico y político entre las dos grandes economías del norte; atraer producción que hoy está fuera del continente, fortalecer infraestructura, generar energía suficiente y convertir nuestra posición geográfica en una verdadera estrategia de desarrollo.
Porque en política internacional el territorio importa, los mercados importan y las cadenas de suministro importan.
Y México tiene los tres.
El desafío ahora es entender algo fundamental: tener valor estratégico no sirve de mucho si no sabes utilizarlo en una mesa de negociación.
México no necesita alejarse de Estados Unidos ni de Canadá.
Necesita sentarse frente a ellos sabiendo exactamente cuánto vale.
Fuentes de referencia: USTR (relación comercial México–EE. UU. y revisión del T-MEC); Global Affairs Canada (Plan de Acción Canadá–México 2025–2028).

